Oh, panismo de Chihuahua, cuna de Gómez Morin y Don Luis H. Álvarez, baluarte de principios inquebrantables… ¿O acaso esos principios ya son negociables?
Tus filas, antaño puras y doctrinarias, hoy acogen con brazos abiertos a los hijos pródigos del priismo, ¡pues en política no hay enemistades eternas, sino intereses duraderos!
Los nuevos próceres del panismo… o del reciclaje político.

Que venga pues Pedro Domínguez, con su vasta experiencia en… cambiar de camiseta.
Recibamos con júbilo a Enrique Rascón, Ómar Bazán y al Pato de las Casas, porque en la casa del PAN hay lugar para todos… menos para los panistas de antaño.
Eloy García Tarín y José Luis García, con su experiencia administrativa heredada del tricolor, vienen a enseñarnos que la lealtad es solo cuestión de coyuntura.
Cristhoper James Barousse y Kamel Athié, ¡qué bueno que el PAN les dio cobijo! No importan los colores pasados, pues el azul también se destiñe.
Rosy Gaytán, Mayra Díaz, Rubén Aguilar, Fernando Mendoza y Miriam Hernández, bienvenidos a esta gran familia donde los estatutos se respetan… hasta que la estrategia política dicta lo contrario.
Los hijos de Xóchitl Reyes Castro, Tania Teporaca, Víctor López, porque el linaje y la tradición también tienen su peso en la repartición.
Andrés Pérez Howlet, Salvador Caballero y Memo Márquez, tres nombres que no resonaban en Acción Nacional, pero que hoy se sientan en la mesa del festín, mientras los panistas de toda la vida miran desde afuera, esperando las migajas que caigan del banquete priista.
Yubia Velázquez, Santiago de la Peña y Eti Barraza, promesas… del priismo, hoy en la nómina, porque los ideales son maleables cuando el sueldo es atractivo.
Hermes Sandoval, Manuel González y Santiago de las Casas, con su lealtad renovada, porque la gratitud se mide en nóminas, no en discursos heroicos.
Edgar Prado, Heliodoro Araiza y Luis Rivera, tres nombres más en la lista de conversos, tres historias más de pragmatismo, tres razones más para que el panista de antaño se pregunte: ¿qué fue de mi partido?
Pável Aguilar, Nanis Cardona y Rafa Loera, el cambio de bandera nunca fue tan fácil, ni tan redituable. Hoy la doctrina es un simple adorno en las oficinas de gobierno.
Pepe de la Madrid, Óscar Derma y Mónica Meléndez, tres más que supieron que el PAN es generoso con los que ayer lo atacaban.
Porque aquí no se premia la militancia, se premia la conveniencia.
Jesús Santana, Ricardo Santana y Saúl Fierro, los nuevos guardianes del panismo, los nuevos rostros de la continuidad… de los acuerdos en lo oscuro.
Edibray Gómez y Luis Iván Ortega, últimos en la fila, pero no menos beneficiados, porque en el PAN, siempre hay lugar para uno más siempre que venga del PRI. Adriana Terrazas y Pedro Villanueva, dos más que encontraron en el PAN no un partido, sino una oportunidad.
Porque aquí no se necesita historia, solo el contacto correcto.
Todos en puestos de primer y segundo nivel, jerárquicamente por encima de los panistas de siempre, incluso de aquellos que han dado la cara en cada elección, que han defendido las siglas, que han caminado las calles y tocado puertas, solo para ver cómo sus espacios se entregaban a los recién llegados.
Y pensar que, en el último proceso electoral, de haber ido solos, el PRI habría desaparecido, se habría hundido en la irrelevancia, habría perdido hasta su registro. Pero los votos panistas los rescataron, los llevaron de la extinción… directo a espacios de poder.
Incluso trataron de salvar al PRD y le otorgaron la responsabilidad a la eterna líder de los trabajadores del estado, Xóchitl Reyes Castro.
Pero solo demostró su débil influencia electoral: ni siquiera sus propios agremiados votaron por el PRD, y como resultado, el sol azteca se apagó en Chihuahua, perdiendo el registro para siempre.
El nuevo panismo: entre frases y realidades
“Acción Nacional es la casa de la democracia”, decían los viejos panistas… mientras los nuevos inquilinos cambiaban la chapa.
“Por una patria ordenada y generosa”, proclamaban los fundadores… sin imaginar que el orden sería para repartir los cargos y la generosidad para los recién llegados.
“El PAN no es un partido de caudillos”, afirmaban con orgullo… hasta que llegó César Jáuregui, el hombre que entendió que en política, la mística es para los ingenuos y el poder para los pragmáticos. Él, que sin una sola elección ganada, hoy decide quién sube y quién baja, quién cobra y quién espera, quién es útil y quién sobra.
Así, entre abrazos priistas y guiños estratégicos, el panismo chihuahuense escribe un nuevo capítulo, uno donde el sacrificio de sus militantes históricos no vale tanto como la amistad con los reciclados.
Así, el panismo observa cómo, además del innumerable número de personal de confianza, secretarios particulares, choferes y demás, los espacios siguen llenándose con los recién llegados, mientras los panistas de siempre siguen mirando desde afuera, esperando las migajas que caigan del banquete priista.
Y mientras tanto, el panista sin cargo, el panista de a pie, sigue esperando, sigue creyendo, sigue soñando con que algún día el PAN vuelva a ser el PAN…
