Geo Bujanda encabeza terna para la CEDH entre dudas y reclamos

Geo Bujanda encabeza terna para la CEDH entre dudas y reclamos

Todo indica que Georgina Bujanda será impuesta al frente de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos. Encabeza la terna con una calificación de 95.41 puntos, por encima de Yuliana Rodríguez González (84.16) y Gildardo Félix (76.16), pero más allá de los números, el proceso ha estado viciado de origen: partidizado, opaco y con más intereses cruzados que verdaderos criterios técnicos.

La Junta de Coordinación Política (JUCOPO) del Congreso del Estado aprobó la terna final —integrada por Bujanda, Rodríguez y Félix— a propuesta del Grupo Parlamentario del PAN. Con mayoría simple, dejaron fuera la propuesta de Morena, que incluía perfiles respaldados por los foros de participación ciudadana y, según Cuauhtémoc Estrada, con mejor preparación académica.

Uno de los principales reclamos de Morena fue que ninguno de los integrantes de la terna cuenta con un doctorado, lo que de entrada rebaja el perfil académico que debería exigirse para encabezar un organismo autónomo.

El señalamiento no fue menor: el nivel técnico y profesional es clave para garantizar autonomía y capacidad crítica frente al poder.

La respuesta del panista Alfredo Chávez fue tan arrogante como absurda: comparó el caso con el del expresidente Felipe Calderón —quien tiene maestrías— y Andrés Manuel López Obrador —que solo tiene licenciatura—, como si eso fuera argumento suficiente para desechar el mérito académico en una designación estatal.

El objetivo fue claro: desviar la atención y blindar la imposición.

Y no conforme, Chávez introdujo a la discusión el nombre de un aspirante que ni siquiera figuraba entre los mejor evaluados, buscando embarrar el proceso y generar confusión. Una estrategia que dejó más en evidencia la intención política detrás del nombramiento.

El martes, el Congreso tendrá en sus manos la posibilidad de elegir entre una CEDH autónoma o una subordinada. Todo apunta a lo segundo.

El PAN está por colocar a una de los suyos, una exdiputada cercana al grupo en el poder, al frente de un organismo que, en teoría, debería vigilar y señalar los abusos del Estado.

Si Georgina Bujanda llega, llegará marcada por el reparto político, por la opacidad del proceso y por la ausencia de credenciales académicas que respalden una verdadera autonomía.