Noroña deja el Senado entre burlas, mansiones y escándalos
Gerardo Fernández Noroña se despide de la presidencia del Senado como mejor sabe hacerlo: en medio de la polémica, la contradicción y el pleito político.
Esta vez no por sus gritos o desfiguros en tribuna, sino por su residencia en Tepoztlán, valuada en 12 millones de pesos, un lujo incómodo para un personaje que se vende como “hijo del pueblo” y defensor de la austeridad republicana.
El propio Noroña no negó la existencia de la propiedad, incluso se escudó en que aparece en su declaración patrimonial, pero explotó contra periodistas que osaron preguntarle si no era incoherente presumir millones siendo estandarte de la 4T.
Y en su estilo, respondió con cinismo: “Yo no tengo ninguna obligación personal de ser austero. Yo era franciscano porque estábamos bien fregados”.
Mientras tanto, el morenista aprovechó para burlarse de la debacle del PRI en la Cámara Alta.
Tras la renuncia de Néstor Camarillo, el tricolor perdió la vicepresidencia de la Mesa Directiva por primera vez en 96 años.
Noroña no perdió la oportunidad de soltar el veneno:
“Hay que felicitar ampliamente a Alejandro Moreno, su trabajo de demolición del PRI es exitosísimo”.
La respuesta de Alito Moreno no se hizo esperar y fue igual de sucia que el golpe: “Noroña no sólo apesta físicamente, también políticamente… es un vil, sucio y morenarco, una vergüenza para México a nivel mundial”.
Palabras que retratan el nivel del debate político en el Senado: de la austeridad pasamos a las mansiones, y de las leyes al insulto personal.
En resumen, Noroña se va de la presidencia del Senado dejando claro su sello: polémico, burlón y con más propiedades que resultados.
Entre carcajadas contra el PRI y señalamientos por su vida de millonario, el “hijo del pueblo” se despide demostrando que en la 4T la austeridad aplica para todos… menos para él.
