El PAN se reinventa… o eso dice
El fin de semana, el PAN intentó dar un golpe de timón. Desde el Frontón México, Jorge Romero Herrera presentó el nuevo rostro del blanquiazul: sin alianzas partidistas, sin el PRI y, según él, con la ciudadanía como su única socia.
El discurso sonó a autocrítica, pero en el fondo fue un intento por sacudirse años de desgaste electoral.
El problema es que el PAN no solo perdió votos: perdió identidad.
Hoy intenta “volver a sus orígenes” mientras convive con una base envejecida y cuadros locales divididos.
Romero habló de renovación, de jóvenes y de un partido que caminará solo en 2027.
Sin embargo, la foto del evento —con los mismos liderazgos de siempre y los cuatro gobernadores panistas— contó otra historia: la de un partido que busca reconfigurarse sin soltar el control.
El mensaje fue claro: la alianza con el PRI se acabó.
Pero el reto de fondo sigue siendo el mismo de los últimos años: cómo reconectar con una ciudadanía que dejó de sentirse representada por el PAN mucho antes de que lo dijera su dirigencia.
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El PRI observa desde la barrera
Desde Chihuahua, el diputado federal Alejandro Domínguez trató de poner paños fríos.
Reconoció que no hay diálogo con el PAN y que, por ahora, cada quien va por su cuenta.
El priismo, que alguna vez fue el eje de toda negociación, ahora observa con prudencia el movimiento panista.
Domínguez fue cuidadoso: dijo que esperarán la instrucción del Comité Nacional antes de definir si habrá alianza o no.
En política, eso equivale a un “veremos”.
El PRI sabe que su capital electoral ya no alcanza por sí solo, pero tampoco quiere sumarse a un proyecto en reconstrucción.
Por ahora, su prioridad será reorganizar su estructura interna y medir fuerzas antes de decidir con quién caminar.
Lo cierto es que el escenario empieza a fragmentarse: el PAN se aleja, el PRI se repliega y Movimiento Ciudadano se frota las manos ante un vacío que podría llenarse con nuevos liderazgos.
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La sierra vuelve a encenderse
Mientras la dirigencia nacional del PAN hablaba de “reencuentros con la ciudadanía”, en Chihuahua la preocupación es otra: la violencia en la sierra.
Los enfrentamientos en Moris, Guadalupe y Calvo y Guachochi volvieron a colocar el tema de la seguridad en la mesa.
Las autoridades preparan una coordinación permanente entre los tres niveles de gobierno, aunque en el terreno los pobladores siguen hablando de desplazamientos, bloqueos y miedo.
La estrategia será anunciar una mesa de seguridad permanente, pero en los hechos lo que se necesita es presencia constante del Estado.
La realidad es que el crimen organizado mantiene control en zonas donde la autoridad apenas alcanza a reaccionar.
El discurso institucional insiste en la coordinación; la realidad, en cambio, muestra comunidades que sobreviven entre la desconfianza y el silencio.
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Guachochi: clases bajo riesgo
En medio de esa tensión, el alcalde José Yáñez de Guachochi confirmó que la asistencia a clases se dejó a consideración de los padres.
No hay toque de queda oficial, pero todos saben que el ambiente no es normal.
Las patrullas hacen rondines, las familias evitan salir de noche y las escuelas funcionan con cautela.
Yáñez asegura que hay coordinación con las fuerzas de seguridad, pero en la práctica, la población vive entre la calma aparente y la incertidumbre diaria.
Guachochi es, hoy, el reflejo más crudo del contraste: mientras el discurso político habla de control y resultados, la vida cotidiana en la sierra transcurre bajo una tensión que no se apaga.
Lilia Aguilar y la tormenta de las palabras
Y para cerrar, Lilia Aguilar volvió a encender las redes.
En un video que rápidamente se viralizó, la diputada del PT dijo que la tragedia en Veracruz “es porque no somos como los cubanos”.
La frase bastó para levantar polémica nacional. Aguilar explicó después que se refería al sentido comunitario y la capacidad de organización del pueblo cubano ante las emergencias, pero el daño ya estaba hecho.
El comentario sirvió para recordarle al oficialismo que, en tiempos de crisis, las palabras pesan tanto como los hechos. Y en política, a veces más.
