S.O.S. ¡Todos en campaña!
En materia de seguridad, falta de recursos, escasa obra pública y entre los gobiernos panistas el de Chihuahua de Maru Campos es señalado por ser el más corrupto, los principales funcionarios del Gobierno del Estado parecen estar en otra sintonía. César Jáuregui Moreno, Gilberto Loya Chávez, Santiago de la Peña Grajeda y el secretario de Desarrollo Humano y Bien Común, Rafael Loera están más enfocados en construir su imagen política que en atender los problemas que golpean a la entidad.
En los últimos meses, los cuatro nombres se repiten en encuestas, reuniones partidistas, giras disfrazadas de actos institucionales y una intensa actividad en redes sociales.
El mensaje es claro: están en campaña, cada quien por su cuenta, pero todos desde el presupuesto público.Mientras tanto, la región serrana vive una situación alarmante.
Los enfrentamientos entre grupos del crimen organizado se han vuelto frecuentes; hay comunidades desplazadas, familias incomunicadas y pueblos donde no hay señal de telefonía ni presencia de la autoridad.
El miedo y el silencio dominan en zonas como Guachochi, Uruachi, Guadalupe y Calvo o Batopilas, donde los habitantes aseguran que “ya no se puede salir al camino”.
A pesar de esta realidad, el discurso oficial habla de “una sierra pujante, llena de turismo y desarrollo”.
Pero los hechos dicen otra cosa: carreteras tomadas, escuelas cerradas, familias huyendo y un Estado ausente.
La estrategia de seguridad parece haberse quedado en comunicados y conferencias.
Las declaraciones sobre “operativos exitosos”, “coordinación interinstitucional” o “acciones de contención” no se traducen en resultados.
La verdad es que los aparatos de seguridad están rebasados, y los responsables del tema, distraídos.El fiscal César Jáuregui Moreno se ha vuelto más un operador político que un fiscal.
A su cargo, la violencia ha aumentado, pero su atención se reparte entre llamadas, reuniones partidistas y su aspiración por mantenerse vigente en el PAN.
El secretario de Seguridad Pública, Gilberto Loya Chávez, dedica más tiempo a defender la Torre Centinela y sus cámaras que a explicar por qué los homicidios y las desapariciones siguen en aumento.
El secretario general de Gobierno, Santiago de la Peña Grajeda, prefiere el discurso del orden institucional, pero su ausencia en momentos clave, como los recientes hechos en la sierra, deja claro que la política electoral pesa más que su papel como mediador y responsable de la gobernabilidad.
Y está Rafael Loera, convertido en una especie de “rockstar” del PAN.
Multiplica sus apariciones, organiza reuniones, sube fotos y videos a redes, todo con la precisión de quien sabe que las campañas no han empezado oficialmente, pero ya está en ellas.
Su estrategia parece más enfocada en ganar simpatías que en resolver los problemas del estado.
El resultado es evidente: una administración dispersa, sin rumbo y sin cabeza política visible. Mientras las comunidades serranas claman por ayuda, los funcionarios panistas se disputan espacios, reflectores y encuestas.
El discurso de que “no hay que politizar la seguridad” se ha vuelto un pretexto para no asumir responsabilidades.
No se trata de politizar, sino de reconocer que Chihuahua necesita menos selfies y más resultados.
Porque hoy, ante una sierra en llamas y un gobierno ausente, la pregunta no es quién ganará la candidatura del PAN en 2027…
La pregunta es quién está gobernando realmente.
