La 4T se sacude por lista negra de Estados Unidos

La 4T se sacude por lista negra de Estados Unidos

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PAN exige que Morena no guarde silencio

Morena revienta por salida de Rosana Díaz

Estados Unidos soltó la lista y no es cualquier lista, pega directo a la estructura de la 4T porque no son nombres al aire, son funcionarios en funciones, con poder y con presuntos señalamientos por narcotráfico a favor del Cártel de Sinaloa.

Ahí están dos nombres clave, Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa, y Enrique Inzunza Cázarez, senador de Morena. Ambos señalados por el gobierno de los Estados Unidos, y ahí es donde el tema se pone serio, porque en Palacio Nacional ya no hablan solo de política, hablan de tensión, de presión y de escenarios que no estaban en la mesa.

En Palacio Nacional sienten temor por un posible “operativo relámpago”, ante la posibilidad de que Estados Unidos pudiera entrar al país y extraer a Rocha, como ocurrió con Nicolás Maduro, quien fue capturado en una operación militar y trasladado fuera de su país para enfrentar cargos en Nueva York.

Ese antecedente es el que hoy pesa en el ambiente político.

Con ese telón de fondo, la lista no se lee como filtración, sino como mensaje.

Y como advertencia. El señalamiento ya no apunta hacia afuera, sino hacia adentro, hacia su propia estructura, lo que inevitablemente reacomoda el discurso.

El gran riesgo para la presidenta, al ser omisa, es que le puedan fincar cargos por contubernio o complicidad.

En la primera salida del país, por cualquier motivo, podría enfrentar consecuencias directas.

En ese mismo escenario aparece Enrique Inzunza Cázarez, quien de inmediato se tiró al piso para asumirse como perseguido político, argumentando que todo se trata de un ataque por defender la soberanía del país.

El discurso es el de siempre, victimización y soberanía.

Pero el tema es bastante más serio.

No es un señalamiento mediático ni político local, es una acusación en una corte federal de Nueva York, donde se le vincula, junto con otros funcionarios, a una red de protección al Cártel de Sinaloa para facilitar el tráfico de drogas hacia Estados Unidos.

Desde enero ya se había advertido.

El 3 de enero, Chihuahua en Directo publicó una editorial especial tras la detención de Nicolás Maduro, donde se planteaba que ese hecho abría una ruta clara en la que Estados Unidos podría comenzar a presionar para que se entregaran figuras políticas vinculadas con el crimen organizado.

No había nombres en ese momento.

Pero sí había una lectura. Y era contundente.

Que los intocables dejarían de ser intocables.Y que el tablero iba a moverse.

Hoy esa lectura empieza a confirmarse.

Porque lo que ocurrió el 3 de enero no fue menor.

Estados Unidos ejecutó una operación directa en Venezuela, capturó a Nicolás Maduro y lo trasladó a Nueva York para enfrentar cargos federales.

Ese precedente es el que hoy pesa.Y es el que explica por qué el discurso de persecución política ya no alcanza.

En ese mismo movimiento, la gobernadora María Eugenia Campos Galván aprovecha el momento y no deja pasar el contexto.

Se refiere a las acusaciones contra funcionarios de Sinaloa, pero lo hace con precisión, recordando que uno de los nombres señalados fue de los que impulsaron un juicio político en su contra.

Y ahí la narrativa cambia otra vez, porque ya no es solo defensa, es contraste directo.

Las acusaciones son de fondo, conspiración para tráfico de fentanilo, cocaína, heroína y metanfetamina, además de sobornos, filtración de información y protección institucional.

Y el mensaje que llega desde Estados Unidos es claro, ese nivel de operación no existe sin funcionarios.

El PAN no tardó en reaccionar.

Alfredo Chávez Madrid puso el tema sobre la mesa con una línea directa, Morena no puede guardar silencio.

No es un tema partidista, insiste, es un tema de ley, y cuando se habla de narcotráfico, no hay cargo que alcance para proteger a nadie.

El señalamiento pega por ambos lados, porque se trata de un gobernador en funciones y de un senador de la República, además de que las acusaciones no vienen de un adversario político, sino de una corte federal en Nueva York, lo que cambia completamente el peso del asunto.

Y mientras eso sacude el escenario nacional, hacia adentro Morena también revienta.

La salida de Rosana Díaz no es un hecho aislado, es la detonación de lo que ya venía acumulándose.

Tiene cuatro meses yéndose y no se ha ido, ese es el señalamiento que empieza a circular dentro del propio grupo parlamentario.

María Antonieta Pérez Reyes no se quedó ahí.

Asegura que no logrará desestabilizar a la bancada y lanza un señalamiento directo, para haber “sufrido” tanto dentro del grupo, se le veía muy feliz.

Pero además sube el tono, lamenta que no haya tenido la congruencia de separarse desde diciembre, cuando decidió ausentarse en la votación de la deuda, y que en lugar de eso haya permanecido para insultar a sus compañeras, llamándolas “hienas” y acusándolas de ser manipuladas, sin voluntad ni inteligencia propia.