“Caiga quien caiga”; Maru entrega a Jáuregui… y Jáuregui podría entregar a Fernando Álvarez

“Caiga quien caiga”; Maru entrega a Jáuregui… y Jáuregui podría entregar a Fernando Álvarez

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La aparición pública de Maru Campos para responder al escándalo del operativo en la Sierra Tarahumara dejó más preguntas que respuestas dentro del propio Gobierno del Estado. El mensaje terminó reforzando una percepción que comenzó a crecer desde la salida de César Jáuregui: alguien tenía que absorber el desgaste político del caso.

Mientras la gobernadora intentó colocarse como blanco de los ataques de Morena y defender la actuación de su administración en materia de seguridad, también dejó claro que ella no tuvo participación directa en la presunta presencia de personas extranjeras dentro del operativo.

A partir de ahí comenzaron las interpretaciones políticas.

Cuando Maru Campos afirma que “en ningún momento gestioné, autoricé ni tuve conocimiento de la presencia de personas extranjeras”, inevitablemente surge la pregunta sobre quién sí estaba enterado de lo ocurrido.

Y ahí es donde en la grilla estatal muchos comenzaron a leer el verdadero mensaje político: Maru entrega a Jáuregui.

Aunque oficialmente su salida fue manejada bajo otra narrativa, dentro de distintos círculos políticos ya se interpreta que César Jáuregui terminó cargando con el desgaste derivado del operativo y con toda la presión provocada por la polémica sobre la presunta presencia de agencias extranjeras.

La frase “caiga quien caiga” tampoco pasó desapercibida. Más allá del posicionamiento institucional, varios actores entendieron que el Gobierno del Estado comenzó a construir distancia respecto a las decisiones tomadas dentro de las áreas de seguridad.

Y ahí aparece otro elemento que ya comenzó a comentarse en corto dentro de Palacio: Jáuregui podría entregar a Fernando Álvarez.

Porque si las investigaciones continúan avanzando y la presión política sigue creciendo, la cadena de responsabilidades inevitablemente comenzará a moverse hacia abajo. En política, cuando un funcionario siente que fue dejado solo para absorber costos, normalmente busca también protegerse.

Por eso el mensaje de Maru Campos terminó generando más lecturas políticas de las que probablemente pretendía.

Aunque el discurso buscó cerrar filas institucionalmente y confrontar a Morena, al mismo tiempo dejó abierta la percepción de que dentro del propio gobierno ya comenzó una etapa de deslindes internos.

Y cuando eso ocurre en política, los movimientos hacia dentro suelen volverse más delicados que los ataques de la oposición.

La aparición pública de Wendy Chávez estuvo lejos de limitarse a un informe técnico. Su mensaje terminó confirmando uno de los puntos más delicados de toda la polémica: sí hubo personas extranjeras dentro del convoy operativo que salió desde Chihuahua rumbo a la Sierra.

Además, la Fiscalía ya no habla únicamente de rumores o versiones extraoficiales. Ahora hace referencia a videos, miles de horas de registros digitales y evidencia sobre la interacción entre esas personas extranjeras y mandos de la propia corporación estatal.

Ahí es donde el tema comenzó a adquirir otra dimensión política.

Según la narrativa presentada por la Fiscalía, las personas extranjeras formaban parte del convoy desde su salida de la capital del estado y mantenían contacto cercano con integrantes de Operaciones Estratégicas y con el entonces director de la Agencia Estatal de Investigación.

Eso cambió por completo la discusión pública. El debate dejó de centrarse únicamente en quiénes eran esas personas y comenzó a enfocarse en quién autorizó su presencia y bajo qué condiciones participaron dentro de un operativo oficial.

Aunque Wendy Chávez precisó que no existe evidencia de que hubieran ejercido mando o participado en tareas de entrenamiento, el simple reconocimiento de que estaban integrados al entorno operativo ya representa un problema político para el Gobierno del Estado.

Otro elemento que llamó la atención fue el señalamiento relacionado con la falta de respuesta por parte de autoridades estadounidenses respecto a la identidad, situación migratoria o funciones específicas de esas personas.

En términos políticos, el tema sigue dejando más dudas que respuestas.

Mientras Morena encontró en el caso una oportunidad para reforzar su narrativa sobre soberanía nacional, dentro del Gobierno del Estado comenzó a percibirse un tono más institucional y menos político en la postura de la Fiscalía.

Incluso dentro de algunos sectores comenzó a interpretarse que Wendy Chávez buscó dejar constancia de que la dependencia está documentando cada aspecto relacionado con el caso.

Y cuando las fiscalías comienzan a hablar bajo esa lógica, normalmente es porque el asunto todavía está lejos de cerrarse.

La visita de Ariadna Montiel, presidenta nacional de Morena, dejó claro desde temprana hora que el movimiento viene decidido a impulsar con toda su estructura el juicio político contra la gobernadora María Eugenia Campos Galván.

Lo que comenzó como una denuncia por la presunta participación de agentes extranjeros en operativos realizados en territorio chihuahuense terminó convirtiéndose en el nuevo eje de confrontación política entre Morena y el Gobierno del Estado.

Sin embargo, más allá del discurso, el mensaje más importante estuvo en la fotografía política.

Ariadna Montiel apareció acompañada por la senadora con licencia Andrea Chávez y por el alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, los dos perfiles mejor posicionados rumbo a la sucesión de 2027. A ellos se sumó Cuauhtémoc Estrada, mientras que Brigitte Granados asumió el papel de anfitriona del encuentro.

La imagen proyectó un mensaje de unidad en un momento particularmente delicado para Morena.

Y es que el movimiento arrastraba semanas de especulaciones internas, diferencias entre grupos y movimientos relacionados con las aspiraciones rumbo a la gubernatura. No obstante, el conflicto abierto con Maru Campos obligó a cerrar filas y a mostrar cohesión frente a un tema políticamente rentable para la oposición.

En ese contexto, la movilización convocada para el próximo sábado tendrá una doble lectura. Por un lado, servirá para respaldar públicamente la exigencia de juicio político contra la mandataria estatal. Por otro, funcionará como una demostración de fuerza territorial de los distintos liderazgos morenistas.

Será precisamente ahí donde las estructuras políticas de Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar jugarán un papel importante, ya que ambos liderazgos buscarán garantizar una convocatoria considerablemente mayor a la registrada en la marcha anterior.

En Morena entienden que el tema de la presunta intromisión extranjera puede convertirse en una bandera política importante rumbo al 2027. También saben que, frente a la posibilidad de golpear al PAN y al gobierno estatal, las diferencias internas pasan momentáneamente a segundo plano.

La respuesta del Partido Acción Nacional fue prácticamente inmediata. Dentro del panismo entendieron rápidamente que el mensaje lanzado por Ariadna Montiel no podía quedarse sin respuesta ni permitir que Morena dominara completamente la conversación pública.

Por ello, desde el piso 16 de la Torre Legislativa, espacio identificado con la coordinación de la bancada panista encabezada por Alfredo Chávez, se organizó una rueda de prensa para contener el impacto político del posicionamiento morenista y cerrar filas en torno a la gobernadora Maru Campos.

La dirigente estatal del PAN, Daniela Álvarez, reapareció con un tono frontal y endureció el discurso contra Morena. Durante su intervención buscó posicionar la narrativa de que la oposición pretende llevar a Chihuahua a una situación similar a la de Sinaloa bajo el gobierno de Rubén Rocha Moya.

Posteriormente intervino Alfredo Chávez, quien en los hechos se ha convertido en uno de los principales defensores políticos del maruquismo dentro del Congreso del Estado.

El coordinador de la bancada panista aseguró que Chihuahua no se convertirá en Sinaloa y dejó claro que la estrategia del PAN será confrontar la narrativa impulsada por Morena desde una postura centrada en la estabilidad y la defensa institucional del estado.

Dentro del panismo comienza a consolidarse la percepción de que Alfredo Chávez ha asumido un papel más activo en la defensa política de Maru Campos. Sería justo que el desgaste político que Alfredo Chávez ha asumido semana tras semana eventualmente se le retribuya con una candidatura importante, porque pocos dentro del PAN han salido con tanta constancia a defender públicamente a la gobernadora Maru Campos.

Ahí están los escenarios que ha enfrentado recientemente, como la sesión del martes pasado en el Congreso del Estado, donde terminó respondiéndole prácticamente a toda la bancada de Morena. También ha salido al choque político contra Cruz Pérez Cuéllar, Javier Corral, Ariadna Montiel, Andrea Chávez, Adán Augusto López y Gerardo Fernández Noroña, por mencionar algunos.

Mientras tanto, otros actores prefieren guardar las formas y aparecer únicamente en reuniones banqueteras, atendiendo preguntas a modo que, muchas veces, más que enfrentar el problema político del momento, terminan sirviendo para promover su trabajo particular o alimentar aspiraciones personales rumbo al 2027.

Y justamente ahí es donde Alfredo Chávez ha comenzado a marcar diferencia dentro del panismo, consolidándose como uno de los pocos perfiles que ha decidido asumir de frente el desgaste político en defensa del gobierno estatal.

Esa postura ha sido bien vista por sectores tradicionales del PAN, donde Alfredo es identificado como un perfil formado desde dentro del partido y con claridad sobre la responsabilidad política de respaldar al gobierno emanado de Acción Nacional.