Karla Reyes pone sobre la mesa la capacitación del Poder Judicial
Maru mantiene el diálogo con Estados Unidos en plena discusión por soberanía
Santiago de la Peña contra viento y marea
Maru señala pactos con el narco pero no denuncia a nadie
Karla Reyes presentó su primer informe de actividades al frente del Órgano de Administración Judicial (OAJ) del Poder Judicial del Estado de Chihuahua, y uno de los temas que puso sobre la mesa fue la capacitación del personal judicial.
Y los números ahí están: el Instituto de Formación y Actualización Judicial (Inforaj) realizó 138 actividades académicas, acumulando más de 2 mil 387 horas de capacitación y registrando 4 mil 204 participaciones.
La oferta incluyó talleres, cursos y diplomados en derecho penal, civil y familiar, además de temas administrativos y de derechos humanos. Todo esto, en cumplimiento del artículo 51 de la Ley Orgánica del Poder Judicial del Estado.
Pero hay un dato que también destaca dentro del informe: la asistencia promedio a los eventos académicos pasó de 26 a 36 participantes por actividad, lo que representa un incremento del 37.4%.
Reyes Orozco destacó que estas acciones buscan no solamente profesionalizar al personal, sino también mejorar la calidad del servicio judicial que se ofrece a la sociedad.
Y ahí está uno de los puntos que dejó su primer informe: la capacitación y actualización del personal como parte de la preparación del Poder Judicial para brindar una justicia más preparada y sensible en beneficio de la ciudadanía.
Mientras Morena trae en su agenda la defensa de la soberanía nacional, la gobernadora Maru Campos mantiene abiertos los canales de relación binacional con Estados Unidos.
Este discurso de defensa de la soberanía nacional tomó fuerza a raíz de los hechos controvertidos registrados tras el desmantelamiento de un narcolaboratorio en El Pinal, Morelos, que tuvo como consecuencia el fallecimiento de dos agentes de la CIA en un accidente carretero.
A partir de estos hechos se iniciaron una serie de investigaciones, pero también comenzó a tomar fuerza el discurso de defensa de la soberanía nacional, particularmente desde la 4T y Morena, donde se ha señalado a Maru Campos como una transgresora de esa defensa.
Y mientras ese discurso se mantiene sobre la mesa, también hay que recordar que, durante una gira que sostuvo Maru Campos para defenderse a través de medios nacionales, la gobernadora mencionó que no se había reunido con la cónsul de Estados Unidos. Hace un par de semanas comentó que hablaría con ella por teléfono y ahora, finalmente, se reúne con la diplomática.
Y vaya que finalmente se dio ese encuentro. Maru Campos se reunió con la cónsul general de los Estados Unidos en Ciudad Juárez, Katharine Beamer, en el recinto consular.
Ahí conversaron sobre temas prioritarios para el desarrollo y la competitividad de la zona fronteriza, además de coincidir en la importancia de fortalecer los vínculos de colaboración entre México y Estados Unidos, particularmente en materia de economía, cultura y atención consular.
También refrendaron su disposición para mantener canales de comunicación estrechos y permanentes que abonen a una relación binacional sólida y de largo plazo, en beneficio de la población.
De alguna manera, esta reunión también es una señal de lo que está haciendo Maru Campos en el plano diplomático, al mantener el diálogo y reunirse finalmente con la cónsul de Estados Unidos.
Contra viento y marea, y contra el panismo de cepa, Santiago de la Peña se está perfilando para ser el candidato único o aspirante para contender por la alcaldía de Chihuahua capital.
Y es contra viento y marea y contra el panismo de cepa porque en redes sociales están tundiendo duro a Santiago de la Peña por el dedazo tan marcado mediante el cual estaría siendo ungido a través de los eventos del fin de semana. Para él sería un escenario claro o ya definido, pero para otros es algo turbio.
El panista de cepa no quiere a un priista, a alguien forjado en el priismo. No lo quiere de candidato a la alcaldía, no quieren que contienda por la joya de la corona y, en lecturas aún más profundas, por si acaso se atreve a decir que Morena es quien estaría detrás de todos estos ataques, pues más bien para el partido guinda beneficia que Santiago de la Peña sea ungido a través de un dedazo.
Porque esto traería consigo una división en el panismo, y pondría en riesgo de perder la capital, donde Morena no cuenta con un perfil sólido en las encuestas.
Además, llegan versiones que aseguran que, si llegase a concretarse la alianza con el PRI y Santiago de la Peña es el candidato, tampoco los militantes del tricolor entrarían a apoyarlo.
Ni el priismo quiere al priista Santiago de la Peña.
De ese tamaño es el descontento y el rechazo hacia la aspiración que Santiago de la Peña osadamente está mostrando día con día.
La gobernadora Maru Campos soltó una de las frases más fuertes que se le han escuchado durante toda su administración, al señalar que muchos han decidido pactar con el crimen organizado, sin lealtad y sin ningún escrúpulo.
Y lo hizo durante la presentación del libro Centinela, de Gilberto Loya, evento que también sirvió para reconocer la lealtad de quien está al frente de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal.
No dio nombres. No hacían falta.
La lectura generalizada apunta a César Jáuregui y Rafa Loera, con más peso sobre Jáuregui, quien además aventaja en las mediciones internas del PAN para la alcaldía capitalina.
Y el mensaje llega apenas un día después de que Maru mostrara, en otro evento, hacia quién se inclina su preferencia real. La secuencia no parece casual: primero el gesto, después la advertencia.
Pero aquí es donde la frase comienza a hacer eco. Si la gobernadora tiene información concreta sobre vínculos de algún actor político con el crimen organizado, ¿por qué se queda en la insinuación pública y no lo denuncia formalmente ante la autoridad competente?
Porque callar un nexo real con el narcotráfico, sabiéndolo, no es un matiz menor: es complicidad.
Y si no hay nada que denunciar porque no existe evidencia real, entonces la frase deja de ser una advertencia de Estado para convertirse en otra cosa: presión política disfrazada de discurso de seguridad.
De ese tamaño es la pregunta que queda sobre la mesa después de las declaraciones de Maru Campos.
