Los jaureguistas, huérfanos políticos

Los jaureguistas, huérfanos políticos

La gallina junta a sus polluelos

Villegas quedó fuera de la mesa panista

Maru abrió otro frente


El grupo político de César Jáuregui se encuentra sin una figura clara a la cual respaldar en la contienda interna del PAN por la Alcaldía de la capital, luego de que varios de los perfiles que podrían entrar en la disputa ya tomaron posición o se alejaron de la competencia. Con el exfiscal fuera del escenario, queda la interrogante de quién podría reunir a los panistas inconformes con las decisiones de Maru Campos.

Santiago de la Peña aparece alineado con la gobernadora, mientras que Rafa Loera no figura como una opción para encabezar ese bloque. Alfredo Chávez también se ha acercado a Santiago y dejó atrás sus aspiraciones, mientras que Soto y Olson tampoco forman parte del grupo de Jáuregui. El panorama deja pocas alternativas para quienes no están de acuerdo con el rumbo que ha tomado el PAN estatal.

Entre las posibilidades aparece Juan Blanco, quien ha hablado de la contienda, aunque ha señalado que no se ha registrado. Su eventual participación podría modificar el escenario si consigue reunir a los panistas inconformes y a ciudadanos que consideran que hubo una traición a los valores del partido. Incluso, una definición desde el centro del país en su favor podría cambiar las condiciones de la disputa interna.

Manque Granados también podría aparecer como alternativa, pero su eventual candidatura sería vista como otra carta cercana a la gobernadora, incluso como un plan B. Así, el grupo de Jáuregui enfrenta el problema de no tener una figura definida para respaldar ni una ruta clara para movilizar sus votos. Por ahora, los jaureguistas parecen huérfanos políticos, sin saber hacia dónde dirigirse ni quién podría encabezar su causa.


Finalmente, Marco Bonilla comenzó a juntar a los distintos grupos del panismo bajo sus alas. El sábado se reunió con representantes de varias corrientes del partido, entre ellas la de César Jáuregui, además de Rafa Loera. La presencia de estos grupos fue notoria y marca un movimiento de Bonilla para comenzar a actuar como lo que es, el coordinador estatal de la Defensa de la Patria, la Familia y la Libertad, con la tarea de conjuntar fuerzas y buscar la unidad del panismo.

La detención de Jáuregui y su permanencia en prisión preventiva en el Altiplano han golpeado fuerte al panismo local. En ese escenario, Bonilla tiene la encomienda de reagrupar a los distintos grupos, sobre todo cuando se acerca el proceso electoral y Morena aparece por encima en las encuestas. La unidad deja de ser un discurso para convertirse en una necesidad para Acción Nacional, si pretende enfrentar la contienda con sus distintas corrientes trabajando en una misma dirección.

Bonilla se tardó una semana en dar ese paso y, para quienes buscan teorías conspirativas, la reunión ocurrió precisamente el día en que se concretó una segunda vinculación a proceso contra Jáuregui. La situación jurídica del exfiscal se ha complicado con los dos procesos, uno en el ámbito local y otro en el federal, además de las impugnaciones, los amparos y el tiempo que pueden prolongarse las investigaciones. Con la prisión preventiva de por medio, el panorama para Jáuregui luce cada vez más comprometido y no se advierte que las manifestaciones para exigir su liberación vayan a mantener el mismo ritmo.

En ese contexto, los panistas que han salido a manifestarse por Jáuregui tendrán que definir si se mantienen concentrados en esa causa o se incorporan al proyecto político que encabeza Bonilla. Como lo ha planteado Alfredo Chávez, el reto es sacar adelante ese proyecto y construir la unidad del partido. La pregunta es si los distintos grupos estarán dispuestos a cerrar filas, aun con las diferencias que han quedado expuestas, o si la situación del exfiscal seguirá pesando sobre un panismo que necesita reagruparse de cara a las elecciones.


Quien quedó relegado de la reunión del sábado entre Marco Bonilla y los distintos grupos del panismo fue Luis Villegas Montes, asesor jurídico de César Jáuregui y uno de los perfiles que ha sostenido el discurso más frontal contra el gobierno de Maru Campos. Mientras otros actores comenzaron a reunirse para buscar la unidad del partido, Villegas mantuvo su postura de señalar a Jáuregui como preso político, una posición que lo coloca en una ruta distinta a la de quienes buscan reagrupar al panismo alrededor del proyecto de Bonilla.

La ausencia de Villegas en ese encuentro llama la atención por el momento que atraviesa el caso del exfiscal y por las diferencias que han surgido dentro del PAN. El sábado, mientras se desarrollaba la reunión, el abogado publicó un posicionamiento en el que reunió una serie de hechos y declaraciones relacionados con Juan Blanco, la gobernadora y sus encuentros con la presidenta Claudia Sheinbaum. La publicación puede leerse como una réplica en medio de las tensiones que rodean al caso, aunque no está claro si respondió a algún señalamiento surgido durante la reunión.

En su escrito, Villegas recuperó publicaciones de septiembre para sostener su lectura de los acontecimientos. Entre ellas, la información sobre la salida de Juan Blanco del Gobierno del Estado, que vinculó con su supuesto respaldo a Jáuregui en la disputa interna del PAN; el oficio mediante el cual el gobierno estatal solicitó una reunión entre Maru Campos y Sheinbaum, y las declaraciones posteriores de ambas mandatarias sobre la investigación por la presencia de agentes estadounidenses. Con esa cronología, el abogado puso sobre la mesa hechos que, desde su perspectiva, deben analizarse en conjunto y no de manera aislada.

El distanciamiento también ocurre después de que el caso escalara al terreno familiar con la denuncia de Andrea Domínguez Anguiano, directora del Patronato de la Feria, que involucró señalamientos relacionados con el hermano de la gobernadora y el hermano del secretario general de Gobierno. Ese episodio abrió otro frente en una disputa que hasta entonces se concentraba principalmente en la situación jurídica de Jáuregui y en las diferencias políticas alrededor de su caso.

Así, mientras Bonilla comienza a reunir a las distintas corrientes del PAN para intentar construir la unidad, Villegas permanece fuera de esa mesa y sostiene una postura que confronta directamente a la gobernadora. La incógnita es si su exclusión responde únicamente a las diferencias de discurso o si también refleja el costo político de llevar el caso de Jáuregui a un terreno de confrontación abierta con el gobierno estatal.


La gobernadora Maru Campos intentó contener una crisis mediática por la detención de César Jáuregui y terminó abriendo un frente político con Claudia Sheinbaum. Pasó de enfrentar cuestionamientos por el proceso contra su antiguo aliado a confrontar públicamente a la presidenta, luego de revelar detalles de una conversación privada entre ambas. La pregunta es qué buscaba conseguir con esa estrategia y si calculó las consecuencias de hacer pública una conversación entre dos titulares de gobierno.

La presión sobre Campos aumentó después de que la Fiscalía estatal acusara a Jáuregui de ejercicio ilegal del servicio público, mientras que la Fiscalía General de la República lo señaló por traición a la patria en relación con la participación de agentes estadounidenses en una operación en territorio mexicano. La coincidencia de ambos procesos colocó a la gobernadora en una posición incómoda, pues Jáuregui no era un funcionario más, sino un antiguo compañero de lucha partidista y jefe de sus campañas por la Alcaldía de Chihuahua y la gubernatura. En ese escenario, el deslinde de responsabilidades se convirtió también en un problema político para el panismo.

La gobernadora respondió a las críticas en medios de comunicación de la Ciudad de México, donde describió su intercambio con Sheinbaum y cuestionó la manera en que la presidenta se había dirigido a ella. La entrevista con Carlos Loret de Mola amplificó el conflicto y llevó la disputa a un terreno público. Sin embargo, al revelar una conversación que ambas habían acordado mantener en privado, Campos abrió otra interrogante sobre la confianza entre los gobiernos y la utilidad política de hacer públicas diferencias que, hasta entonces, se habían tratado en una reunión privada.

La decisión también tuvo repercusiones dentro del PAN. Mientras algunos sectores respaldaron la postura de la gobernadora frente al gobierno federal, otros evitaron asumir una posición pública de apoyo incondicional. La detención de Jáuregui ya había generado inconformidad entre panistas de Chihuahua, y la confrontación con Sheinbaum añadió presión a un partido que necesita mantener cohesionadas sus distintas corrientes. ¿Quiénes están dispuestos a acompañar a Campos en esa disputa y quiénes consideran que el conflicto puede comprometer los intereses del propio partido?

El problema no se limita a la relación con la presidenta. En Chihuahua, la situación jurídica de Jáuregui sigue siendo un factor de tensión, mientras la gobernadora enfrenta cuestionamientos por la manera en que ha manejado el caso. La revelación de la conversación privada no resolvió esas dudas y abrió otras sobre el cálculo que hubo detrás de su decisión. Si el objetivo era contener el desgaste mediático, queda por aclarar si la confrontación terminó agravando el problema político que buscaba resolver.