Maru logra lo que Bonilla no pudo
¿El beso del diablo para Daniela?
El PT comienza a marcar distancia de Morena
Jáuregui, de hombre de confianza a personaje incómodo para Maru
A Maru Campos parece haberle ido mejor que a Marco Bonilla en eso de sentar a los distintos grupos del panismo, aunque la convocatoria en Palacio no necesariamente significa que las diferencias estén resueltas. La gobernadora no solo tiene el peso de su investidura, también reunió a cuadros panistas más cercanos a ella, en un intento por cerrar filas después de la crisis interna que atraviesa el partido.
Bonilla ya había hecho lo propio el 24 de octubre, cuando reunió a representantes de prácticamente todas las corrientes del panismo capitalino, incluidos personajes identificados con el equipo de César Jáuregui. Sin embargo, Maru parece tener una ventaja cuando se trata de convocar, pues no solo cuenta con el respeto que impone su cargo, sino con la cercanía que mantiene con buena parte de los liderazgos del partido.
Pero la verdadera prueba para la gobernadora no está en sentar a quienes le son afines, sino en demostrar que todavía tiene capacidad de convocatoria entre aquellos panistas que no necesariamente comulgan con sus decisiones. ¿Podrá reunir también a Juan Blanco, Guillermo Luján y otros cuadros que han mantenido distancia de su grupo? Porque una cosa es cerrar filas con los propios y otra muy distinta conseguir que quienes tienen diferencias acepten sentarse en la misma mesa.
Ahí se verá si el llamado de Maru alcanza para recomponer al panismo o si la unidad que se busca en Palacio todavía tiene varios ausentes. Porque de cara a las candidaturas de 2027, no bastará con la fotografía de los grupos cercanos a la gobernadora.
La gobernadora Maru Campos no solo le dio el espaldarazo a Daniela Álvarez durante el informe de Alejandro Domínguez, el sábado pasado, sino que prácticamente la presentó ante Alejandro Moreno como la próxima candidata del PAN a la alcaldía de Ciudad Juárez. Vaya manera de dejar de lado aquello de que no se entrometería en las decisiones políticas y partidistas.
El evento tenía una clara connotación política y Maru aprovechó el escenario para hacer política. A la dirigente estatal del PAN ya nomás le faltó levantarle la mano, como anteriormente lo hizo con Marco Bonilla y Santiago de la Peña. Pero si algo han dejado esos respaldos es que no necesariamente garantizan un camino terso para quienes los reciben.
A Santiago no le ha ido precisamente bien. Las bases panistas no terminan de aceptarlo como una opción y, después, el caso César Jáuregui terminó por añadir más tensión a una definición de candidatura que ya venía complicada. Además, dentro del panismo juarense hay rechazo a la posibilidad de que un priista termine encabezando la candidatura al Ayuntamiento.
Pero el mensaje de Maru también puede leerse como un guiño a la alianza. Antes de que las dirigencias pongan sobre la mesa el reparto de candidaturas, la gobernadora parece anticipar su postura: Ciudad Juárez sería encabezada por un perfil panista, mientras que en la capital la candidatura podría recaer en un priista, aunque compitiendo bajo las siglas del PAN. Una señal sobre cómo podría plantearse la negociación entre ambos partidos.
Ahora Daniela aparece con el respaldo público de la gobernadora y con una presentación que difícilmente puede interpretarse como un simple gesto de cortesía. ¿Será que Maru le está abriendo el camino o le acaba de dar el beso del diablo? Porque si los anteriores espaldarazos sirven de referencia, la dirigente panista tendría motivos para no festejar demasiado pronto.
Cuando Morena todavía no entra de lleno en la definición de sus coordinadores municipales, figuras que posteriormente estarán en la ruta de las candidaturas a las alcaldías, el Partido del Trabajo ya comenzó a mover sus piezas en Chihuahua. El viernes presentó a sus propios perfiles para competir por los ayuntamientos y las diputaciones locales, adelantándose incluso a su aliado de coalición. Una forma bastante particular de llegar a las negociaciones nacionales con nombres y apellidos, en lugar de esperar a que otros decidan qué espacios le corresponden.
En Chihuahua capital, el PT ya puso sobre la mesa a Katya Galán, a quien presentó como coordinadora municipal de afiliación y aspirante a la alcaldía. También mostró sus cartas para distintos distritos locales. Es decir, mientras Morena todavía no define quiénes buscarán encabezar sus coordinaciones municipales, el PT ya tiene a una figura haciendo ese trabajo político y levantando la mano para competir por el Ayuntamiento.
En Ciudad Juárez el escenario es diferente. Lilia Aguilar se había destapado desde una etapa temprana para buscar la alcaldía, pero con Andrea Chávez colocada en la ruta de esa definición, el panorama cambió. Lilia y Tania Aguilar son cercanas al grupo de la senadora, por lo que no tendría mucho sentido que el PT abriera un frente en ese municipio cuando su propio grupo respalda a Andrea.
Lo que sí llama la atención es que en la capital el partido ya se muestre dispuesto a caminar con una aspirante propia, sin esperar a que Morena defina su coordinación municipal. ¿Será que el PT ya está anticipando que no acompañará a Morena en todos los municipios y que pretende conservar espacios para competir por separado? Porque presentar perfiles con tanta anticipación también es una manera de presionar antes de que comiencen formalmente los acuerdos.
Y mientras Tania Aguilar mueve las piezas del partido, tampoco deja cerrada su propia ruta hacia el Congreso, pues mantiene abierta la posibilidad de buscar una diputación plurinominal. Así que el PT no solamente está adelantando sus cartas para las alcaldías y diputaciones, también comienza a acomodar las propias.
Durante años, César Jáuregui fue uno de los hombres de mayor confianza de Maru Campos. No solamente ocupó la Fiscalía General del Estado, también fue parte de su círculo político más cercano, con una relación que la propia gobernadora llegó a presumir públicamente. Sin embargo, después del escándalo por la participación de agentes de la CIA en el operativo de El Pinal, el trato cambió y quien hasta hace poco era uno de sus principales colaboradores terminó convertido en el responsable al que la mandataria decidió señalar públicamente.
El tema vuelve a cobrar relevancia a partir de la columna El gatopardo chihuahuense, de Willivaldo Delgadillo, publicada este domingo en La Jornada. El autor retoma el caso de Jáuregui para cuestionar cómo un funcionario que durante años concentró una parte importante del poder estatal puede convertirse de pronto en un personaje ajeno al gobierno al que perteneció. Una pregunta que también alcanza a Maru, particularmente por la manera en que ha tomado distancia de quien fue uno de sus principales operadores políticos.
La propia gobernadora reconoció que se actuó por la libre dentro de la Fiscalía y que eso no podía perdonarse. Pero la explicación deja pendiente otra interrogante: ¿hasta dónde llegaba el conocimiento de la mandataria sobre las decisiones que se tomaban en una de las áreas más importantes de su gobierno? Jáuregui no era un funcionario recién llegado ni alguien que estuviera fuera de su círculo de confianza.
El distanciamiento también coincidió con la disputa por la candidatura del PAN a la alcaldía de Chihuahua capital. Jáuregui tenía aspiraciones, mientras que Maru respaldaba a Marco Bonilla y también había dado señales de apoyo a Santiago de la Peña. Después vino la detención del exfiscal y el conflicto terminó por exhibir las fracturas que ya existían dentro del panismo.
Delgadillo coloca este episodio dentro de una reflexión más amplia sobre las rupturas y los reacomodos de las élites políticas de Chihuahua, donde antiguos aliados terminan enfrentados y los personajes que antes compartían responsabilidades buscan deslindarse cuando cambian las circunstancias.
En el caso de Jáuregui, la pregunta sigue siendo inevitable: ¿fue únicamente el reconocimiento de responsabilidades por el operativo de El Pinal lo que rompió una relación política de tantos años o también pesó la disputa por la candidatura municipal?
