Aldama–Ojinaga el fuego avanza y la autoridad llega tarde
Maru hoy con Harfuch para rendir cuentas
El peritaje que nadie ha visto… y que todos están esperando
Maru y Jáuregui al Senado… y la opción de no ir
Morena: la hecatombe que ya empezó
Cuauhtémoc Estrada regresa… y el tablero se le acomoda
Mientras el discurso oficial se enfoca en explicar operativos y tragedias, en el territorio la realidad va por otro lado y más rápido.
Lo ocurrido en Aldama y Ojinaga no son hechos aislados. En pocas horas se registraron bloqueos en la carretera con un camión en el tramo Aldama–Chihuahua, el incendio de un Oxxo y enfrentamientos armados con uso de calibre .50. Incluso se reportaron ataques contra una aeronave y quema de viviendas en comunidades de la zona.
Todo esto deja una misma sensación. Falta de control por parte de la autoridad.
Los audios que circularon entre corporaciones reflejan la situación. Se escuchan llamados urgentes de apoyo y solicitudes de refuerzos ante ataques con armas de alto calibre.
No es percepción. Es lo que está pasando en la región.
Mientras las corporaciones reaccionan, los grupos armados se mueven, bloquean carreteras, incendian negocios y mantienen presencia durante horas.
La zona de Aldama, Ojinaga, Cuauhtémoc y Moris vuelve a encenderse. No parece casualidad.
Y el problema no se queda ahí. Aldama tenía apenas 10 policías. En Guerrero no hay corporación municipal. En Belisario Domínguez se reportan mandos policiacos secuestrados. Guachochi sigue con hechos violentos. Los reportes se extienden a Morelos; también, en Gran Morelos la situación también empieza a escalar: ya hay reportes de ataques contra la población y contra empresas.
La percepción es clara, las cosas se están saliendo de control.
En Guadalupe y Calvo, comunidades como Atascaderos, la gente ha tenido que salir de sus casas.
Los grupos están aprovechando momentos de debilidad o ausencia de autoridad.
Cuando hay bloqueos, incendios, enfrentamientos y desplazamientos de familias, ya no se trata de un hecho aislado. Es un problema que se está extendiendo.
En medio del escándalo que dejó el desmantelamiento de campamentos donde presuntamente se fabricaba metanfetamina el pasado fin de semana, la narrativa oficial ya empezó a hacer agua… y no precisamente en la Ciudad de México.
La gobernadora Maru Campos Galván viajará a la capital del país para reunirse con el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, y con la titular de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez. Según dijo, la reunión fue solicitada por ella misma.
Pero en corto, la historia es otra.
No fue Chihuahua el que tocó la puerta… fue la Federación la que empezó a pedir explicaciones.
Y es que desde el centro del país —con línea directa de la presidenta Claudia Sheinbaum— lo que se está buscando no es una reunión protocolaria, sino información puntual sobre lo que realmente ocurrió en ese operativo que, lejos de aclararse, se ha enredado más con cada declaración.
El origen de la presión no es menor: versiones que apuntan a la posible participación de agencias estadounidenses, particularmente de la CIA, en territorio mexicano.
Sin embargo, la versión oficial en Chihuahua ha sido tajante… aunque también contradictoria: se niega la participación de agentes extranjeros, pero al mismo tiempo se asegura que ni siquiera mandos clave de la propia Agencia Estatal de Investigación estuvieron presentes en el operativo.
Del lado federal, se sostiene la línea institucional: no hubo intervención de agentes extranjeros. Pero eso no ha frenado las dudas.
Por eso, más que una visita de cortesía, lo que viene es una revisión a fondo. Seguridad y Gobernación recabarán la información directamente con el Gobierno del Estado para entregarla a la presidenta.
Así que sí, puede que se busque una audiencia directa con Sheinbaum, pero por lo pronto, la primera parada no será para saludar… será para explicar.
La tragedia ocurrida la madrugada del domingo, donde murieron cuatro personas —entre ellas dos presuntos agentes de la CIA—, sigue envuelta en incertidumbre.
Aquí hay un punto clave: el peritaje.
Ese documento que debería aclarar qué pasó realmente —si el vehículo cayó al barranco, en qué condiciones y cuáles fueron las causas exactas de los fallecimientos— simplemente no ha sido presentado públicamente.
No se sabe si ya está concluido o si sigue en proceso.
Y en ese vacío, lo que sobran son versiones.
En redes y testimonios de pobladores de la zona de El Polanco, se ha comenzado a señalar que no se habría realizado ningún peritaje en el lugar. Versiones extraoficiales, sí, pero que crecen precisamente por la falta de información clara.
El evento no fue menor: un accidente de alto impacto, con víctimas vinculadas a agencias estadounidenses, y con un despliegue que llamó la atención de los habitantes.
Hoy, todas las preguntas están concentradas en un solo punto: el peritaje que no aparece.
Sin ese documento, todo queda en versiones.
Mientras en Chihuahua sigue la incertidumbre, en el centro del país ya se abrió otro frente: el Senado de la República.
Para el martes 28 de abril está programada una invitación dirigida a la gobernadora Maru Campos Galván y al fiscal general del estado, César Jáuregui Moreno, para que expliquen los hechos en los que murieron cuatro personas en un presunto accidente carretero.
Senadores de Morena y del PAN coincidieron en la necesidad de escuchar directamente a las autoridades estatales.
Pero hay un detalle clave: no es comparecencia obligatoria.
Es una invitación.
Tanto la mandataria como el fiscal pueden decidir si acuden o no, sin sanción alguna.
Aun así, el mensaje político es claro: el caso ya rebasó lo local y ahora también está bajo la lupa federal.
La duda queda en el aire: ¿irán a dar la cara… o dejarán que las preguntas sigan creciendo?
Lo que se venía advirtiendo, terminó por confirmarse.
La salida de Luisa María Alcalde de la dirigencia nacional de Morena para integrarse al gobierno de Claudia Sheinbaum no es un simple movimiento.
Es una sacudida interna en pleno proceso electoral.
También se perfila la salida de Andrés Manuel López Beltrán, lo que agrava el escenario.
Las bases ya venían inconformes: acusaciones de actos anticipados, señalamientos de control de candidaturas y una dirigencia rebasada.
Ante eso, la presidenta toma el control.
Se perfila la llegada de Ariadna Montiel para encabezar el partido, en un intento por ordenar y cerrar filas rumbo a 2027.
Pero el movimiento nace de una ruptura.
Y sus efectos ya se sienten en Chihuahua: inconformidad interna, acusaciones de favoritismo y presión de distintos grupos para poner límites dentro del partido.
Morena entra a una nueva etapa… pero no precisamente por voluntad, sino por necesidad.
El que reapareció fue el coordinador de la bancada de Morena en el Congreso del Estado, Cuauhtémoc Estrada.
Tras su ausencia, regresó a su conferencia habitual, respondió preguntas y mantuvo el estilo directo que lo caracteriza.
Pero más allá de la forma, el fondo es otro.
Estrada se mueve como algo más que coordinador: opina, fija postura y ocupa espacios como si ya jugara en otra liga.
Y el contexto le favorece.
Con la posible llegada de Ariadna Montiel a la dirigencia nacional, su cercanía con el grupo Coyoacán y su alianza con Cruz Pérez Cuéllar lo colocan en una posición clave.
Es operador, tiene presencia y está en el momento adecuado.
Para él, el tablero empieza a acomodarse.
