Ariadna y la unidad pendiente
¿Por fin dejará Brighite la dirigencia de Morena?
Alfredo Chávez, promotor del dedazo
El 20 de noviembre, fecha límite para cerrar la alianza
Ariadna Montiel ya recorrió varias entidades desde que asumió la dirigencia nacional de Morena, pero Chihuahua sigue esperando su visita. Y quizá no sea casualidad. Aquí el partido enfrenta un problema que va más allá de las diferencias entre sus aspirantes: no ha conseguido poner de acuerdo a los grupos que se disputan el control político y la definición de candidaturas. El proceso para elegir a quien encabezaría la coordinación estatal de la Defensa de la Cuarta Transformación fue una muestra de ello.
La designación de Cruz Pérez Cuéllar no significó una reconciliación. Los desacuerdos con el grupo de Andrea Chávez permanecieron y el proceso dejó en evidencia que Morena tiene dificultades para cerrar filas incluso después de haber tomado una decisión interna. El nombramiento resolvió quién encabezaría la coordinación, pero no cómo van a convivir las distintas expresiones del partido ni qué espacios tendrán quienes no respaldaron esa definición.
En ese contexto, comenzó a circular la versión de que Montiel podría visitar Ciudad Juárez este sábado. Su llegada tendría como uno de los objetivos propiciar, finalmente, un encuentro entre Cruz y Andrea. Si la dirigente nacional tiene que intervenir para sentarlos a la misma mesa, queda claro que la operación de unidad no ha avanzado por sí sola. Y una reunión, por sí misma, tampoco garantiza que las diferencias estén resueltas.
Morena necesita algo más que una fotografía de sus principales figuras juntas. Necesita acuerdos sobre la participación de los distintos grupos y garantías de que la disputa interna no terminará trasladándose a las campañas. La pregunta es si Ariadna Montiel vendrá a Chihuahua para encabezar esa conciliación o si la dirigencia nacional seguirá dejando que los actores locales administren un conflicto que hasta ahora no han podido resolver.
La dirigencia estatal de Morena parece estar funcionando sin cabeza visible. Brighite Granados tiene el nombramiento, pero su actividad pública como presidenta del partido prácticamente ha desaparecido. No hay ruedas de prensa, posicionamientos ni presencia constante ante los medios para fijar la postura de Morena sobre los asuntos políticos del estado. Su última aparición pública relevante fue a principios de mes, en Ciudad Juárez, durante el encuentro con medios en el que Andrea Chávez anunció su interés por encabezar la coordinación municipal de la Defensa de la Cuarta Transformación.
La cercanía de Brighite con Andrea no es nueva. Desde hace tiempo se le identifica con su grupo político y ha mantenido esa afinidad, algo que puede formar parte de la vida interna de cualquier partido. Sin embargo, una cosa es tener preferencias y otra muy distinta es ejercer la presidencia estatal como si esa responsabilidad estuviera subordinada a los intereses de una sola figura. Morena tiene una dirigencia que debe atender a todos sus sectores, no solamente acompañar la agenda política de Andrea.
Por eso vuelve a cobrar fuerza la pregunta sobre la permanencia de Brighite al frente del partido. ¿Seguirá ocupando la dirigencia estatal sin asumir públicamente las tareas que le corresponden o habrá un relevo? Su eventual salida podría convertirse en una señal para los grupos que reclaman una conducción distinta, pero también abriría otra discusión: quién ocuparía el cargo y bajo qué condiciones se garantizaría que la dirigencia no vuelva a quedar identificada con una sola corriente.
El asunto adquiere mayor relevancia por las diferencias entre Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar, así como por la postura que mantiene el PT. Si esas tensiones no se atienden, podrían terminar trasladándose a la competencia electoral, incluso mediante una estrategia de voto cruzado. Ahí es donde Ariadna Montiel tendrá que intervenir si pretende evitar que las diferencias se conviertan en una ruptura. También queda por saber cómo está actualmente su relación con Andrea, después de que le entregó la coordinación municipal de Juárez. Porque la unidad de Morena no se consigue solamente reuniendo a sus figuras, sino resolviendo quién conduce al partido y a quién representa.
Alfredo Chávez se metió en un problema con su propio discurso. El coordinador de los diputados del PAN primero reconoció abiertamente que decidió apoyar a Santiago de la Peña porque, según su apreciación, es quien aparece mejor posicionado en las encuestas hacia afuera. Pero después llamó a todos los aspirantes a dar un paso atrás, dejar de lado sus intereses y construir una candidatura de unidad. El detalle es que no se puede pedir que todos se sienten a la mesa en igualdad de condiciones cuando uno de los actores ya está tomando partido por quien se perfila como la apuesta de Palacio.
Chávez quiso justificar su postura con la necesidad de construir un proyecto antes de definir al candidato y convocar a una mesa de diálogo entre los grupos panistas. Sin embargo, su declaración terminó exhibiendo la contradicción. Dice que todos deben poner su capital político y actuar con humildad, pero él ya decidió a quién respaldar. ¿Dónde queda entonces la apertura para discutir los perfiles si desde ahora hay quienes consideran que Santiago debe encabezar el proyecto?
Y es que el problema no es que Alfredo tenga un favorito. Está en su derecho de apoyar a quien considere, como él mismo lo dijo. Lo que resulta contradictorio es que, al mismo tiempo, pida a los demás aspirantes hacerse a un lado para privilegiar la unidad. Más todavía cuando Santiago de la Peña proviene del PRI y su posible postulación ha generado cuestionamientos dentro del propio panismo. ¿La unidad consiste en ponerse de acuerdo o en terminar respaldando al candidato que ya eligieron desde Palacio?
Al final, el discurso de Chávez deja una pregunta incómoda para el PAN: ¿se está construyendo un acuerdo entre la militancia y los aspirantes o solamente se está preparando el terreno para que una decisión tomada desde arriba se presente como consenso? Porque no se puede hablar de unidad mientras se defiende una candidatura antes de que exista un verdadero acuerdo.
Alejandro Domínguez, presidente estatal del PRI, informó que las dirigencias del PAN y el PRI se fijaron como fecha límite el 20 de noviembre para cerrar los acuerdos de la coalición. Aunque aseguró que las negociaciones van muy avanzadas y que solo quedan pequeños detalles por resolver, reconoció que todavía no están en condiciones de establecer un número definitivo de candidaturas que corresponderían a cada partido.
El priista explicó que las negociaciones locales están en pausa porque primero deben resolverse los acuerdos nacionales sobre las 17 gubernaturas que estarán en disputa y la integración de la Cámara de Diputados. Las dirigencias se reúnen lunes y jueves en la Ciudad de México para definir la estrategia, por lo que todavía no hay mayor información sobre el reparto de posiciones en Chihuahua.
Uno de los puntos centrales será la distribución de los distritos federales de Chihuahua, pues tanto el PRI como el PAN tienen interés en definir qué espacios le corresponderían a cada partido y en qué regiones podrían competir juntos. La apuesta es sumar votos y estructura para evitar que Morena y sus aliados alcancen la mayoría en San Lázaro y, de esa manera, bloquear las reformas e iniciativas del gobierno de Claudia Sheinbaum en su segundo año de gobierno, en una estrategia que buscaría debilitar a la administración de la 4T e impedir que avance su proyecto político.
Domínguez ha sido uno de los principales impulsores de esta alianza, como lo ha dejado ver en sus declaraciones a medios de comunicación desde hace más de un año y medio. Para el PRI, concretarla representa supervivencia política ante su debilitamiento electoral, mientras que para Acción Nacional significaría sumar votos y aprovechar la estructura priista en regiones como la Sierra y la capital.
Ahora falta conocer cuánto está dispuesto a ceder cada partido para cerrar una negociación que, aunque sus dirigentes dicen llevar muy avanzada, todavía depende de los acuerdos nacionales.
