Bonilla va a Roma… con permiso y por fe

Bonilla va a Roma… con permiso y por fe

El alcalde Marco Antonio Bonilla Mendoza se tomará unos días fuera de Palacio Municipal.

A partir del próximo martes y hasta la siguiente semana, viajará a Roma para participar en el Jubileo convocado por el Vaticano, un evento que ocurre apenas cada 25 años.

Bonilla fue invitado por la Red de Acción Ética Política (RAEP) y la Political Network for Values, dos organismos internacionales que agrupan a líderes públicos con agendas enfocadas en principios éticos y valores universales.

El edil capitalino detalló que al encuentro acudirán políticos de distintas fuerzas —PAN, PRI, Morena y Movimiento Ciudadano— además de gobernadores, legisladores y alcaldes de varios países.

Aseguró que cubrirá los gastos del viaje con recursos propios, que lo acompañará únicamente su esposa, y que cuenta con permiso oficial para ausentarse de sus funciones.

Como él mismo dijo, se trata de una oportunidad para renovar su fe… y encomendar el futuro de la ciudad desde el Vaticano.

Zoom, puentes y grilla presupuestal

Mientras tanto, en el Congreso local se calienta el ambiente con motivo de la votación para autorizar —por segunda ocasión— un crédito al propio Bonilla.

Tras un fallo administrativo en el primer intento, el tema regresa al Pleno para autorizar nuevamente el crédito que se pretende destinar a obras de infraestructura, incluyendo tres nuevos puentes en la capital.

La diputada Brenda Ríos advirtió que estará muy atenta desde la comisión especial encargada de vigilar la ejecución del crédito, con el fin de evitar irregularidades.

Aseguró que dará seguimiento puntual y que incluso estará “presente en las obras”.

Muchos no tardaron en recordarle sus apariciones vía Zoom en sesiones clave del Congreso, lo que desató comentarios en tono de sorna.

Algunos ya bromean con la “versión 2.0” del cartel constructor… ahora digital.Durante el mismo posicionamiento, Ríos afirmó que los gobiernos de Morena han logrado avanzar sin recurrir al endeudamiento.

Y ahí también empezó a sonar fuerte que la deuda nacional habría pasado de 9 billones a 18.5 billones de pesos en menos de siete años.

Jueces y ministros nuevos, legitimidad en construcción

En otro frente, el judicial, también hay expectativa.

Luego de las elecciones del 1 de junio, donde se eligieron nuevos integrantes para el Poder Judicial del Estado, la presidenta del Supremo Tribunal de Justicia, Myriam Hernández Acosta, fijó postura con mesura institucional.

Aseguró que no emitirá juicios anticipados sobre los perfiles que resultaron electos, y que será el trabajo de cada juzgador lo que, al final, determine su legitimidad.

“Yo como presidenta del Tribunal y con una trayectoria judicial tan amplia, no soy la persona indicada para contestar eso”, dijo en entrevista telefónica.

Reiteró que será a través de sus sentencias como se consolidará —o no— la legitimidad de quienes ahora se integrarán al Poder Judicial.

Sobre nombres concretos, como los de Marcela Herrera o Gerardo Acosta, la magistrada se limitó a reconocer que los conoce y los respeta, pero que no corresponde adelantar opiniones.

“Hasta que entren en funciones y demuestren lo que saben hacer”, remató.

Prudencia pura… y algo más que se lee entre líneas.

Violencia política, sentencia firme

Finalmente, desde el ámbito electoral, también hubo noticia. La Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación confirmó que Olivia Aguirre Bonilla fue víctima de violencia política de género.

La resolución tiene especial peso, ya que Aguirre había sido propuesta como candidata a ministra de la Suprema Corte.

La denuncia se originó por una publicación en el portal Plan de Vuelo, medio de comunicación ligado Luis Rubén Maldonado, actual vocero del Tribunal Superior de Justicia del Estado.

La sentencia concluye que en dicha publicación se manipuló la imagen de Aguirre, se incurrió en estereotipos y expresiones que constituyen violencia simbólica, y se cruzó la línea de la crítica legítima.

A través de sus redes, Aguirre celebró el fallo no como una victoria personal, sino como un precedente a favor de las mujeres que participan en política.

“Esta sentencia no solo me reconoce a mí. Reconoce a todas las mujeres que hemos sido agredidas por atrevernos a participar en la política”, escribió.

Y así quedó registrado: violencia política, reconocida y sancionada.