El precio del silencio: Héctor Acosta encubre el fracaso de Centinela a cambio de su reelección
Los llamados arcos Centinela se han convertido en el nuevo blanco del crimen organizado.
En las últimas semanas, varios municipios han registrado ataques y destrucciones de estas estructuras, el más reciente ocurrido este jueves.
Estos arcos forman parte del Proyecto Centinela, la obra insignia del actual gobierno estatal, presentada como un sistema de inteligencia y videovigilancia capaz de garantizar la seguridad en todo el territorio.
Sin embargo, a casi tres años de su lanzamiento, el balance es desolador: los subcentros regionales no operan, la infraestructura es vulnerable y la Torre Centinela, en la capital, se levanta como un elefante blanco al que ya se han destinado más de 4 mil 500 millones de pesos sin resultados visibles.
Pero lo más grave no está en la superficie. La Auditoría Superior del Estado (ASE) realizó el año pasado una auditoría forense al proyecto Centinela, con el objetivo de indagar posibles irregularidades en su ejecución.
Sin embargo, el informe fue clasificado como reservado “por motivos de seguridad”, dejando sin respuesta las sospechas de corrupción y opacidad en el uso de los recursos públicos.
El responsable de esta decisión no es otro más que el Gobierno del Estado, quien ha usado a Héctor Acosta Félix, como tapadera, pero, paradójicamente el auditor fue beneficiado con una reforma aprobada por el Congreso local que extendió su periodo un año más y le permitió reelegirse.
La votación que lo mantuvo en el cargo contó con el respaldo del PAN, el mismo partido que impulsa y defiende el proyecto Centinela desde el Ejecutivo estatal.
La coincidencia no pasó inadvertida en los círculos políticos: mientras la ASE mantiene la lupa sobre municipios pequeños, las grandes obras del gobierno permanecen intocables.
El silencio sobre Centinela parece ser el precio de la estabilidad del auditor, un acuerdo tácito entre poder y conveniencia.
Mientras tanto, los arcos siguen cayendo, el sistema de vigilancia no opera y la Torre Centinela continúa vacía.
Lo único que funciona a la perfección es el blindaje institucional que impide conocer la verdad.
Porque la seguridad puede fallar… pero la complicidad nunca.
