Guadalupe y Calvo, sitiado por el miedo; Fiscalía y SSPE, ausentes
Mientras las balaceras se han vuelto parte del paisaje cotidiano en este municipio serrano, las instituciones responsables de garantizar la seguridad y justicia en Chihuahua permanecen ausentes.
En Guadalupe y Calvo, la violencia ha paralizado la vida comunitaria: calles vacías, familias encerradas, comercios cerrados y un clima de miedo que lo cubre todo.
Desde hace semanas, habitantes del municipio han denunciado en redes sociales el recrudecimiento de enfrentamientos armados, sin que hasta ahora exista una respuesta visible por parte del gobierno estatal.
La situación ha sido descrita como una de las etapas más oscuras en la historia reciente del municipio.
“Todo está paralizado, menos el miedo”, advierte un mensaje difundido por la cuenta Voces de la Sierra, que ha documentado el sentir de la población.
En él se habla de niños que ya no pueden salir a jugar, familias que huyen con lo poco que tienen, y una comunidad que llora en silencio ante el abandono institucional.
A pesar de la gravedad del contexto, ni el fiscal general del Estado, César Jáuregui Moreno, ni el secretario de Seguridad Pública Estatal, Gilberto Loya Chávez, han hecho presencia en la zona o emitido posicionamientos públicos sobre los hechos.
Su ausencia es más notoria aún en un periodo donde ambos funcionarios han intensificado sus actividades mediáticas en otras regiones del estado, en un contexto preelectoral.
Organizaciones comunitarias y ciudadanos exigen una estrategia inmediata para recuperar la seguridad, pero también piden que al menos se reconozca la emergencia.
El municipio, ubicado en la Sierra Tarahumara, ha sido históricamente golpeado por la presencia de grupos armados, pero los episodios recientes han generado una alerta social sin precedentes.
Lo que antes era una zona con relativa estabilidad, hoy vive bajo la sombra del miedo, mientras el Estado parece haber renunciado a su obligación de proteger a la población.
A falta de respuestas oficiales, la comunidad ha recurrido a la oración colectiva como último refugio emocional.
Pero incluso eso, dicen, no basta. “Guadalupe y Calvo no merece vivir con miedo. Guadalupe y Calvo merece paz”, concluye el mensaje viral que circula entre habitantes y desplazados del municipio.
