¿La unidad en el PAN se desmorona?

¿La unidad en el PAN se desmorona?

Choque entre Mario Mata y Jesús Valenciano calienta al PAN en Delicias

CEN del PAN contra las cuerdas

PT mete ruido a la alianza con Morena

Hugo González lanza contrainforme contra Bonilla


Hace apenas unas semanas, cuando a César Jáuregui, uno de los aspirantes a la Presidencia Municipal de Chihuahua, se le cuestionó si desde Palacio de Gobierno estaban lanzando señalamientos contra algunos de los panistas que respaldaban su aspiración, fue tajante al señalar que se trataba de especulaciones.

Pues ya no parecen tan lejanas aquellas especulaciones.

Hoy Juan Blanco está fuera del Gobierno del Estado, luego de cerrar su ciclo al frente del área relacionada con las casetas carreteras. El exalcalde tuvo una despedida con su equipo, marcada por el tono emotivo y los agradecimientos hacia quienes lo acompañaron durante su gestión.

Administrativamente se puede hablar de una salida, pero políticamente el momento resulta bastante más incómodo, sobre todo porque Blanco había hecho público su respaldo a César Jáuregui en la contienda interna por la candidatura a la Presidencia Municipal. Y dentro del PAN hay quienes comienzan a leer su salida como una muestra de soberbia de Palacio de Gobierno, bajo la idea de que desde ahí se puede decidir quién permanece, quién sale y hasta cómo deben acomodarse las piezas de la contienda.

El problema de esa lectura es que Juan Blanco no es cualquier panista. Conserva aceptación y peso dentro del partido, mientras que César Jáuregui también tiene respaldo entre sectores del panismo y Rafa Loera forma parte igualmente de las opciones que se han mencionado en la disputa interna. Del otro lado aparece Santiago de la Peña, cuya posibilidad de encabezar la candidatura es identificada por algunos sectores con la preferencia de Palacio de Gobierno.

Y ahí es donde la salida de Blanco genera todavía más ruido, porque una cosa es decir que los señalamientos sobre presiones son especulaciones y otra muy distinta es que, semanas después, uno de los panistas que públicamente respaldaba a Jáuregui termine fuera del Gobierno. La coincidencia temporal, por sí sola, ya abrió la conversación.

Lo que está en juego, entonces, no es únicamente la salida de un funcionario. También está la disputa por la candidatura a la Presidencia Municipal y la manera en que el PAN terminará resolviendo sus diferencias internas. Mientras desde distintos espacios se habla de una candidatura de consenso, reconocimiento y unidad, lo que comienza a observarse es un escenario donde existen respaldos encontrados y sectores que no parecen dispuestos a aceptar una definición cerrada desde Palacio de Gobierno.

Tampoco ayuda demasiado que la carta que algunos identifican con Palacio de Gobierno no sea precisamente la que aparece mejor posicionada en los números que han circulado sobre la contienda. Entonces surge una pregunta bastante incómoda: si se quiere una candidatura de unidad, ¿unidad alrededor de quién?

Porque una cosa es tener una preferencia desde el poder y otra conseguir que esa preferencia sea aceptada por las distintas corrientes del partido. Y si algo ha comenzado a quedar claro es que la definición de la candidatura en Chihuahua capital no parece ser un trámite tan sencillo como algunos quisieran.

Por ahora, lo que existe es un PAN donde las diferencias comienzan a hacerse visibles y donde la salida de Juan Blanco volvió a poner sobre la mesa una discusión que ya había comenzado a generar especulaciones: qué tan abierta será realmente la definición de la candidatura y qué papel tendrán las distintas corrientes del partido en esa decisión.

Si el PAN pretende llegar unido a la elección, quizá el primer problema que tendría que resolver sea precisamente ese. Porque el verdadero riesgo no está únicamente en quién gane la candidatura, sino en las condiciones en que llegue el partido a esa definición y en qué tan dispuesto esté el resto del panismo a cerrar filas después.


En Delicias también comienzan a calentarse las definiciones panistas y el asunto ya tiene nombres y apellidos: Mario Mata y Jesús Valenciano.

La disputa tiene como uno de sus puntos centrales la aspiración de Mario Mata de volver a la Presidencia Municipal de Delicias, posibilidad que desde el entorno panista se señala estaría encontrando resistencia por parte de Jesús Valenciano. Pero la discusión no termina ahí, porque también alcanza la diputación y es que Mata estaría interviniendo para impulsar a su hijo como candidato, mientras Valenciano estaría cerrando esa posibilidad.

Así, lo que debería ser una negociación política comienza a convertirse en un choque entre grupos, justo cuando el PAN necesita ordenar sus cartas en una región donde conservar posiciones electorales será uno de los principales retos.

Y mientras en Delicias se calientan las definiciones, Marco Bonilla ni sus luces de agarrar el toro por los cuernos y entrarle de lleno a una disputa que puede terminar generando más ruido dentro del partido. La tensión incluso habría quedado de manifiesto en una reunión en Meoqui, donde el encuentro terminó prácticamente al borde de los golpes.

El asunto no es menor porque detrás de las diferencias entre Mata y Valenciano también está la discusión sobre quién tiene capacidad para conservar los espacios que el PAN mantiene en la región. Según los números que se manejan dentro del panismo, Delicias ha perdido en dos ocasiones la diputación federal, mientras que Camargo ha hecho la chamba.

Entonces la pregunta no solamente es quién quiere una candidatura, sino quién está haciendo realmente el trabajo político para conservar las posiciones. Porque en política una cosa es reclamar un espacio y otra muy distinta demostrar que se tiene la capacidad para ganarlo.

Y en Delicias, por lo pronto, la definición de candidaturas ya comenzó a convertirse en un pleito que difícilmente podrá mantenerse debajo de la mesa.


Y hablando de la vida interna del PAN, hay otro movimiento que comienza a llamar la atención. Se prepara una carta dirigida al Comité Ejecutivo Nacional del partido, respaldada por panistas que buscan pedir apertura en las definiciones internas.

Lo interesante es quiénes estarían detrás de este reclamo. Son los mismos que en su momento pidieron apertura al CEN del PAN para una contienda interna entre Maru Campos y Gustavo Madero, en un escenario político donde Javier Corral tenía un papel central y donde se exigía que los panistas tuvieran participación en la definición.

Hoy la historia cambia de escenario. Corral ya no está en la jugada y ahora la inconformidad estaría dirigida hacia Palacio de Gobierno.

Ahí está precisamente el detalle que puede poner al CEN del PAN contra las cuerdas, porque quienes en otro momento exigieron que el poder no cerrara la competencia interna ahora estarían recurriendo nuevamente al Comité Ejecutivo Nacional para pedir apertura.

La carta todavía no se hace pública, pero el hecho de que ya se esté preparando representa por sí mismo un mensaje político. La discusión no es solamente quién quiere ser candidato, sino quién va a decidir quién puede serlo y bajo qué reglas.

Porque si el PAN habla de unidad, apertura y reconocimiento para definir candidaturas, pero al mismo tiempo comienzan a organizarse grupos de panistas para acudir al CEN a pedir que se garantice una contienda interna, entonces algo no está cuadrando.

Las reglas de apertura no deberían cambiar dependiendo de quién ocupa Palacio de Gobierno. Antes se pedía apertura frente a Corral y ahora se estaría pidiendo frente a Palacio. La pregunta será si el CEN aplicará el mismo criterio que en aquel momento se exigía.

Porque si el PAN realmente quiere llegar unido a la elección, tendría que empezar por resolver algo muy básico: que las candidaturas no parezcan decididas antes de que los propios panistas tengan oportunidad de participar en su definición.


Y mientras en el PAN se pelean por las candidaturas, en Morena y sus aliados tampoco faltan los jaloneos.

El Partido del Trabajo a nivel nacional soltó la bomba al señalar que irá en coalición con Morena, pero no necesariamente en una alineación total. La postura comenzó a generar ruido porque, de acuerdo con lo que ha trascendido desde la dirigencia nacional petista, el partido estaría rechazando que Morena impulse como candidatos a personajes ligados al PRI o al PAN.

Y ahí es donde el asunto nacional comienza a tener una lectura local, porque la pregunta es inevitable: ¿esa postura también se trasladará a Chihuahua?

Mientras desde la dirigencia nacional del PT se habla de poner límites a determinadas candidaturas, en Chihuahua la dirigente estatal del partido, Tania Gil, señaló en atención a medios que ellos se alinearían con las decisiones de Morena.

Dos mensajes que, por lo menos en el discurso, dejan una interrogante abierta. ¿El PT de Chihuahua seguirá la línea que está marcando su dirigencia nacional o aquí terminará pesando la decisión de Morena?

Tal vez no haya que esperar demasiado para conocer la respuesta. Los tiempos de las definiciones ya están encima y será precisamente en la selección de las coordinaciones cuando comiencen a despejarse muchas de estas dudas.

Porque una cosa es hablar de una coalición electoral y otra muy distinta es ponerse de acuerdo en quiénes serán los candidatos. Y si el PT nacional realmente pretende cerrar la puerta a perfiles provenientes del PRI o del PAN, habrá que ver qué ocurre cuando esa discusión llegue a Chihuahua.

Por lo pronto, el ruido ya está hecho. La dirigencia nacional del PT puso sobre la mesa una postura que podría complicar algunas definiciones de Morena, mientras que en Chihuahua la posición pública ha sido que se alinearán con lo que decida el partido guinda.

Ahora falta ver cuál de las dos posiciones termina imponiéndose cuando llegue la hora de repartir candidaturas, porque ahí es donde las alianzas dejan de ser discurso y empiezan los verdaderos jaloneos.


Y en la capital tampoco faltan los golpes políticos.

El regidor de Morena, Hugo González, decidió adelantarse al informe de Marco Bonilla y presentó su propio contrainforme bajo el título “Lo que Bonilla no te dice”, con una serie de cuestionamientos sobre deuda, seguridad, luminarias e infraestructura.

El documento pone sobre la mesa una deuda municipal de mil 95 millones de pesos y cuestiona que durante las dos administraciones se hayan destinado mil 56 millones de pesos al arrendamiento de 300 patrullas. También señala que Chihuahua habría pagado 61 por ciento más por cada luminaria que Ciudad Juárez y cuestiona que solamente el 10 por ciento del gasto total en cinco años haya terminado en infraestructura.

Hugo González incluso plantea cuatro preguntas que, desde su perspectiva, Bonilla tendría que responder: por qué endeudó al municipio por mil 95 millones, por qué gastó mil 56 millones en patrullas rentadas, por qué Chihuahua pagó más por las luminarias y por qué solamente el 10 por ciento terminó en infraestructura.

El contrainforme ya está sobre la mesa y ahora viene la respuesta. El viernes será Marco Bonilla quien presente su informe y tendrá la oportunidad de explicar sus números, defender las decisiones tomadas durante su administración y presentar su propia versión de los resultados.