Maru se deshace de Jáuregui, su amigo y operador político
El PAN va por los rebeldes
Los fundadores de Morena buscan a Rosana
Maru Campos acudió a Latinus para hablar del caso de los agentes de la CIA y terminó colocando a César Jáuregui Moreno en el centro de la responsabilidad por el escándalo. La gobernadora sostuvo que al interior de la Fiscalía se actuó por la libre y que no le informaron lo que estaba sucediendo. “Eso no se puede perdonar”, sentenció, al cuestionar que no le avisaran a la jefa.
Cuando estalló el escándalo por la presunta participación de agentes de la CIA en el desmantelamiento de un narcolaboratorio y la posterior muerte de dos de ellos, Maru también recurrió a medios nacionales, pero entonces lo hizo para responder a los señalamientos del Gobierno federal y a las exigencias de Morena para someterla a un juicio político. En aquella etapa no expuso públicamente a su exfiscal en los términos que ahora utilizó ante Latinus. Hoy, buena parte de la culpa política recae sobre quien fuera uno de sus hombres más cercanos.
La entrevista llega después de que Maru se reuniera con Claudia Sheinbaum en el aeropuerto y de que la presidenta declarara que, si había responsables, se procedería contra ellos. Tras ese encuentro, varios medios, incluido Chihuahua en Directo, interpretamos que la gobernadora había puesto a Jáuregui en charola de plata ante la presidenta, como una señal para distender la confrontación con el Gobierno federal. Ahora, sus declaraciones ante Latinus refuerzan la impresión de que el exfiscal quedó expuesto mientras Maru busca cerrar un frente que le generó un choque directo con la Federación.
Jáuregui no ha sido un colaborador cualquiera en la trayectoria de Maru Campos.
Fue su fiscal, secretario del Ayuntamiento y secretario general de Gobierno; además de uno de los impulsores de su proyecto político desde aquellas disputas álgidas en el Comité Municipal del PAN, cuando ambos se enfrentaron a Javier Corral, en la lucha por la candidatura que hoy tiene a Maru como encargada de Palacio de Gobierno. Por eso, el señalamiento público de la gobernadora tiene una carga política mayor, pues no apunta contra un funcionario más, sino contra alguien que la acompañó y contribuyó a construir el camino que la llevó al poder. Sin embargo, ahora que busca la candidatura del PAN a la alcaldía de Chihuahua, queda bajo los reflectores por las declaraciones de su ex jefa.
Después de tantos años de cercanía y colaboración, ¿así le paga Maru Campos a quien fue su mano derecha?
En el PAN de Maru Campos, salirse de la línea tiene sus costos. César Jáuregui y Rafael Loera son dos ejemplos de aspirantes que, después de dejar sus espacios dentro de la estructura gubernamental y mantener sus intenciones políticas, comenzaron a ser señalados como rebeldes y hasta traidores, con acusaciones de supuestos acercamientos con Morena.
A Jáuregui ya lo puso en el centro del escándalo la propia gobernadora con su entrevista en Latinus, donde le cargó buena parte de la responsabilidad por el caso de los agentes de la CIA. A Rafa Loera le aplican otra fórmula, al señalarlo como el presunto responsable de las manifestaciones de inconformidad dentro del PAN contra el posible dedazo a favor de Santiago de la Peña.
Desde temprana hora, distintos actores panistas comenzaron a señalar a Loera como quien estaría detrás de las protestas. Sin embargo, hay un detalle que no cuadra con esa versión. El ingreso al recinto estaba condicionado a militantes afiliados al partido, por lo que lo ocurrido también fue una expresión de inconformidad de la propia militancia contra la posibilidad de que la candidatura se decida desde arriba.
Jorge Soto, vocero del PAN, insistió en que la convocatoria no tenía efectos vinculantes y que no se sometería ninguna decisión a votación. Pero, aunque formalmente no hubiera nada que votar, la inconformidad quedó expuesta. Los panistas que acudieron dejaron claro que no todos están dispuestos a aceptar una candidatura sin un proceso que les permita participar.
Lo llamativo es que, en lugar de atender el reclamo, parte de la respuesta política haya sido buscar quién estaba detrás de la protesta y colocarle la etiqueta de disidente. Así, Loera queda encasillado como el rebelde que agita a la militancia, mientras Jáuregui enfrenta el señalamiento público de Maru por el caso de la CIA.
A uno lo relacionan con las protestas internas y al otro lo colocan bajo presión por el manejo de una investigación que ya involucra a la Fiscalía General de la República. Ambos mantienen aspiraciones políticas y ambos han quedado fuera de la estructura gubernamental desde la que antes operaban. No está demostrado que exista una estrategia coordinada para neutralizarlos, pero las circunstancias alimentan las sospechas sobre la manera en que se está procesando la competencia interna en Acción Nacional.
Vaya estampa la que se presentó en el Congreso del Estado, donde fundadores de Morena acudieron con Rosana Díaz para plantearle asuntos legislativos y trabajar algunas iniciativas, pese a que la diputada ya no forma parte de la bancada morenista. La propia legisladora aseguró que la buscan porque confían en su trabajo y en que dará trámite a sus propuestas.
Lo llamativo es que Morena cuenta con una bancada numerosa en el Congreso, pero estos militantes optaron por acercarse a una diputada que actualmente está sin partido y cuya incorporación al Verde todavía no se formaliza por la vía de la Jucopo. ¿No hay legisladores morenistas con quienes puedan trabajar esos temas o hay razones para buscar a Rosana en particular?
Hay que recordar que Díaz salió de la bancada luego de la controversia por una votación en diciembre del año pasado, asunto que derivó en una investigación ante la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena. Ahora, quienes fundaron ese movimiento acuden precisamente con ella para presentar sus planteamientos. La ironía no pasa inadvertida.
Y todavía hay otro detalle. Los fundadores no llegaron acompañados por la dirigencia estatal de Morena ni por los diputados de su propio partido. Entre ellos se encuentra Rosa Lilia Cardona, identificada con el grupo de los llamados de abajo, quien también se registró como aspirante a coordinadora municipal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Chihuahua capital, una posición vinculada con la definición de la candidatura a la alcaldía.
Así que la visita al Congreso no solo deja preguntas legislativas. También abre interrogantes sobre la relación entre los fundadores del movimiento, la dirigencia y sus representantes populares. Si quienes dieron origen a Morena prefieren acudir con una diputada que salió de su bancada, en lugar de tocar directamente la puerta de sus propios legisladores, vale preguntar qué está pasando dentro del partido.
Morena sigue proyectando, en episodios como este, las tensiones entre su identidad de movimiento y su funcionamiento como partido político.
