Morena jugando a los juicios políticos… con leyes muertas

Morena jugando a los juicios políticos… con leyes muertas

¿Y quién está piloteando el avión?

Maru dejó de hablar como gobernadora

Jáuregui sí entendió que esto ya dejó de ser grilla


Si por las vísperas se sacan los días, en Morena Chihuahua van rumbo a protagonizar uno de los ridículos jurídicos más grandes de los últimos años. Y mire que la vara estaba alta.

Resulta que los diputados morenistas que promovieron el juicio político contra la gobernadora Maru Campos decidieron fundamentar parte de su denuncia en una ley que dejó de existir hace casi una década. Sí, así como se lee.

En el escrito presentado ante la Cámara de Diputados citaron artículos de la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos del Estado de Chihuahua, ordenamiento abrogado desde el 14 de junio de 2018, cuando entró de lleno el nuevo sistema derivado de la Ley General de Responsabilidades Administrativas.

O sea, jurídicamente hablando, es como querer multar a alguien con el reglamento del tranvía.

Y el problema no es político, porque políticamente Morena tiene derecho a intentar arrinconar a la mandataria por el tema de la crisis derivada del caso de los agentes estadounidenses y la confrontación con la Federación. El problema es el nivel de improvisación.

Porque bastaría que la defensa de Maru respondiera algo tan básico como: “los supuestos legales invocados simplemente no existen”, para meter en aprietos la procedencia del escrito.

Error de primaria jurídica.

Pero además deja ver algo todavía más delicado: que en la prisa por golpear políticamente a Palacio terminaron armando un documento más propagandístico que técnico. Mucho discurso de persecución, mucha narrativa de “traición a la patria”, mucho TikTok legislativo… pero poca revisión jurídica.

Y eso, en un tema tan delicado como un juicio político contra una gobernadora en funciones, termina debilitando más a quienes denuncian que a quien pretenden exhibir.

Porque mientras Morena quería vender la imagen de una mandataria acorralada, terminó exhibiendo que algunos de sus operadores legislativos siguen litigando como si estuviéramos en 2015.

O peor tantito: como si hubieran estudiado derecho en generación nocturna de las Universidades del Bienestar.


Hay una pregunta que ya empieza a hacerse cada vez con más frecuencia: ¿la gobernabilidad del estado está asegurada?

Porque mientras Maru Campos está completamente absorbida por una confrontación política de altísimo nivel con Morena y el Gobierno Federal, en Chihuahua la sensación es que el gobierno estatal entró en una especie de pausa administrativa.

La gobernadora lleva semanas concentrada en la crisis derivada del caso CIA-FGR-Senado-Morena, construyendo defensa política, mediática y jurídica, mientras el resto de la administración parece operar en piloto automático.

Y ahí es donde empieza la preocupación real.

Porque una cosa es cerrar filas políticamente con la mandataria y otra muy distinta es preguntarse quién está tomando decisiones estratégicas en el día a día del estado.

¿Quién trae la agenda de seguridad? ¿Quién está coordinando la operación política? ¿Quién está operando la relación con empresarios? ¿Quién está desactivando conflictos sociales? ¿Quién está gobernando mientras Palacio está convertido en cuarto de guerra?

Porque hoy la narrativa de persecución política ya absorbió prácticamente toda la comunicación gubernamental.

Y cuando un gobierno entra en modo sobrevivencia, normalmente deja de gobernar para empezar solamente a reaccionar.

El problema para Palacio es que esta crisis todavía no entra a su etapa más dura.

Porque vienen más comparecencias, más filtraciones, más presiones federales y más polarización.

Y mientras eso ocurre, Chihuahua sigue teniendo problemas reales que no esperan a que termine la guerra política entre el PAN y Morena.


Lo de ayer frente a la FGR fue mucho más que una declaración política.

Fue prácticamente el arranque formal de una narrativa nacional de confrontación.

Maru Campos ya no habló solamente como mandataria estatal. Habló como figura opositora nacional del PAN.

Y eso cambia completamente el tablero.

Porque el discurso estuvo cargado de símbolos cuidadosamente calculados: “totalitarismo”, “persecución”, “libertad”, “régimen”, “narco”, “Morena”, “si hoy vienen por mí mañana irán por ustedes”.

Ya no era un mensaje jurídico. Era un mensaje emocional. Electoral. Polarizante. De resistencia política.

De hecho, más que una comparecencia ante la FGR, aquello pareció un mitin azul afuera de una fiscalía.

Acompañada por figuras nacionales del PAN como Ricardo Anaya y Jorge Romero Herrera, Maru decidió convertir una diligencia ministerial en un posicionamiento nacional contra la 4T.

Y aquí hay algo interesante políticamente.

El mensaje no iba dirigido solamente a Chihuahua.

Iba dirigido a Palacio Nacional.

Maru busca colocarse como una gobernadora perseguida por enfrentarse al poder federal. Una especie de versión norteña del manual clásico de oposición: victimización política, defensa del federalismo y narrativa de resistencia democrática.

El problema es que ese tipo de discursos tienen doble filo.

Porque sí pueden consolidar a su base panista… pero también elevan el conflicto a un punto donde ya no hay salida sencilla.

Después de llamar “totalitario” al régimen, acusar persecución política y vincular indirectamente a Morena con el crimen organizado, la relación institucional quedó prácticamente dinamitada.

Y entonces aparece la pregunta incómoda:

¿Esto ayuda a Chihuahua… o solamente ayuda a la narrativa política de ambos bandos?

Porque mientras Morena necesita una villana para alimentar su discurso de soberanía nacional, el PAN también necesita una perseguida política para reagrupar a su militancia rumbo al 2027.

Y en medio de esa guerra… Chihuahua quedó convertido en campo de batalla electoral adelantado.


Mientras afuera de la FGR había discursos incendiarios, consignas y narrativa de persecución, César Jáuregui Moreno tomó una ruta completamente distinta.

Entró. Declaró. Salió. Y habló con muchísimo más cuidado político y jurídico.

Nada de “totalitarismo”. Nada de “régimen”. Nada de “persecución”. Nada de “si hoy vienen por mí mañana irán por ustedes”.

Más bien un tono mesurado, técnico y prudente.

Y eso llamó muchísimo la atención dentro del propio PAN.

Porque mientras Palacio convirtió el tema en confrontación nacional, Jáuregui pareció entender que la FGR no es una mesa de debate televisivo.

Incluso hay quienes dentro del panismo empiezan a preguntarse si César ya decidió tomar cierta distancia de la grilla electoral.

Porque el contraste fue brutal.

Maru salió a construir narrativa política. Jáuregui salió sin causar controversia.

Y quizá ahí está la principal diferencia entre ambos momentos.

Uno sigue jugando en el terreno mediático. El otro parece haber entendido que cuando la Federación entra de lleno a investigar, cualquier frase mal calculada puede convertirse después en un problema.

Por eso varios operadores comenzaron ayer mismo a comentar algo interesante:

“¿A Jáuregui no le quisieron aplicar la de intentar convertir una entrevista testimonial en diligencia materialmente preimputativa?… o simplemente él sí decidió no engancharse políticamente”.

El fiscal no acompañó a Maru Campos en su comparecencia ante la FGR, lo que inevitablemente desató lecturas y especulaciones. ¿Fue una estrategia para marcar sana distancia? ¿Un cálculo jurídico para no contaminar el caso? ¿O simplemente en Palacio ya entendieron que, llegado el momento, cada quien tendrá que rascarse con sus propias uñas?