PAN ve un “flaco favor” y Morena defiende la paridad

PAN ve un “flaco favor” y Morena defiende la paridad

Fundadores de Morena quieren candidaturas, no palmaditas

Zoé promete revisar lo que antes no vio

Los efectos del dedazo de Daniela


Dos regidoras, dos partidos y dos formas de entender la paridad. Isela Martínez, del PAN, calificó como un “flaco favor” las nuevas reglas para la asignación de candidaturas, mientras Elena Rojo Almaraz, de Morena, defendió las medidas al considerar que las mujeres siguen enfrentando dificultades para acceder a espacios donde realmente puedan ganar. El contraste no está en que una esté a favor de las mujeres y la otra en contra, sino en la visión de sus partidos sobre quién debe poner las reglas y hasta dónde debe intervenir la autoridad electoral.

Martínez no cuestionó que las mujeres busquen más espacios de elección popular, sino que el órgano electoral pretenda establecer condiciones que, desde su perspectiva, invaden facultades del Congreso del Estado y la autonomía de los partidos. La panista sostuvo que la legislación ya contempla bloques de competitividad para garantizar oportunidades a las candidatas y que corresponde a cada fuerza política decidir cómo organiza sus procesos internos. Por eso respaldó la impugnación que presentará su partido.

La postura tiene una diferencia importante. Que el PAN cuestione estos lineamientos no significa que rechace la participación política de las mujeres. La propia Isela Martínez ocupa una regiduría bajo esas siglas. Su reclamo se centra en que las reglas no sean impuestas por una autoridad que, a su juicio, estaría rebasando sus atribuciones. Es decir, la discusión también pasa por el control de los partidos sobre sus candidaturas y por los límites de la intervención electoral.

Rojo, por su parte, puso el acento en las dificultades que todavía enfrentan las mujeres para competir en condiciones reales de triunfo. “Sí se cumple con las cuotas, pero ¿saben qué? A las mujeres nos tocan los distritos perdedores”, señaló. Para la morenista, no basta con cumplir porcentajes si al momento de repartir las candidaturas las mujeres terminan en espacios menos competitivos. Desde esa perspectiva, los lineamientos representan una oportunidad para modificar una práctica que, considera, ha limitado su acceso a cargos de elección popular.

Las reglas establecen tres bloques de competitividad y obligan a los partidos a registrar un mínimo de mujeres en cada uno. Además, las candidaturas a las alcaldías de Juárez, Cuauhtémoc, Camargo, Janos y Nonoava deberán corresponder a fórmulas integradas por mujeres. Ahí está el punto que enfrenta las dos posturas: para el PAN, la autoridad electoral estaría metiendo mano en decisiones que corresponden a los partidos y al ámbito legislativo; para Morena, establecer condiciones específicas puede ser necesario para evitar que las cuotas se queden en el papel.

Al final, ambas regidoras hablan desde posiciones partidistas distintas, aunque las dos son mujeres y conocen desde sus respectivos espacios la participación política. La diferencia está en cómo interpretan el problema y su solución. Mientras el PAN defiende la autonomía partidista frente a lo que considera una intervención excesiva, Morena pone el foco en la falta de oportunidades competitivas para las mujeres. La impugnación anunciada llevará la disputa ante la autoridad competente, que tendrá que resolver los alcances de estos lineamientos.


Quienes no se anduvieron por las ramas fueron los integrantes de Los de Abajo Organizados, fundadores de Morena, quienes acompañaron al profesor Martín Chaparro para dar a conocer su registro como aspirante a coordinador municipal del partido, con la mira puesta en la alcaldía de Chihuahua. El mensaje fue directo para quienes hoy manejan las decisiones en Morena: los que estuvieron desde el principio no quieren quedarse mirando cómo otros se reparten las candidaturas.

Los fundadores reclamaron que los espacios se abran para la militancia que construyó el movimiento y no terminen en manos de perfiles provenientes de otros partidos. Porque una cosa es presumir que Morena abrió las puertas y otra muy distinta es que, ahora que hay candidaturas y cargos en juego, quienes llegaron después pretendan llevar mano mientras los de abajo siguen esperando turno.

También llamó la atención el planteamiento de Chaparro, quien sostuvo que la selección de las próximas candidaturas debe realizarse mediante encuestas o por consenso de la militancia, no a partir de acuerdos entre las dirigencias. La indirecta apunta a Citlali Hernández y Ariadna Montiel, en medio de las inconformidades por el peso que tendrán las cúpulas en la definición de los perfiles.

Rosa Lilia Cardona también puso el dedo en la llaga al pedir que se atienda la deuda histórica con los fundadores y dejar ver que varias de las personas presentes, incluida ella, buscarán espacios en las diputaciones locales. Así que el reclamo no es solamente por reconocimiento ni por una palmada en la espalda: también quieren candidaturas. Y están dejando claro que no piensan conformarse con ver cómo otros ocupan los lugares por los que ellos trabajaron desde los primeros años del movimiento.

Aquella frase de que los fundadores de la izquierda cabían en un bocho cobra sentido ante la cantidad de perfiles que hoy se dicen de izquierda y buscan acomodo en Morena. El partido creció, se convirtió en una opción para disputar cargos y también atrajo a políticos de otras fuerzas; el problema es que ahora sus fundadores sienten que ese crecimiento puede dejarlos fuera del reparto.

El reclamo exhibe una contradicción que Morena tendrá que resolver: durante años apeló a las bases y a quienes lucharon desde abajo, pero ahora esos mismos militantes tienen que salir a exigir que los tomen en cuenta. Como diría AMLO, “arriba los de abajo y abajo los privilegios”. La pregunta es si ese discurso también vale cuando se trata de repartir candidaturas o si, llegado el momento, los de abajo vuelven a quedarse abajo mientras las cúpulas deciden quién se lleva cada espacio.


Las protestas de trabajadores del IMSS terminaron por poner sobre la mesa lo que durante años se ha señalado en hospitales y clínicas: falta de insumos, carencia de personal, sobrecarga laboral y condiciones que complican la atención de los derechohabientes. En Chihuahua, el reclamo llegó a las calles y alcanzó al Hospital Morelos, la Clínica 4 de Ávalos y otras unidades médicas, donde trabajadores denunciaron que incluso han tenido que comprar materiales con su propio dinero.

Ahora, ante las movilizaciones que se extendieron por el país, Zoé Robledo anunció que se revisarán las necesidades del IMSS “piso por piso”, desde el abasto de medicamentos y materiales de curación hasta las vacantes, el equipo médico y las condiciones laborales. La pregunta es por qué tuvieron que llegar las protestas para que la dirección nacional planteara escuchar directamente a quienes trabajan todos los días en los hospitales.

Pero hay un detalle que no se puede pasar por alto. El 10 de julio, cuando Zoé Robledo visitó el Hospital Morelos de Chihuahua, destacó el equipamiento y las mejoras de la unidad. Ahora, tres meses después, los trabajadores denuncian carencias y señalan que, antes de aquella visita, se preparó el hospital para mostrar una imagen distinta de la que enfrentan todos los días. Se trata de un señalamiento de los propios empleados, pero pone sobre la mesa una pregunta inevitable: ¿qué encontró realmente el director del IMSS durante aquel recorrido?

Ahora que Robledo anuncia revisiones directas en los hospitales, el contraste es inevitable. Si los trabajadores tienen que denunciar públicamente que faltan materiales básicos, ¿qué tan completa fue la fotografía que se llevó la dirección nacional en su visita de julio? Una cosa es recorrer áreas recién equipadas y otra conocer lo que falta en los turnos, los almacenes, las consultas y las áreas donde el personal debe resolver con lo que tiene a la mano.

Por supuesto, el problema también se convertirá en argumento político. Desde Morena pueden insistir en que Chihuahua no se incorporó al IMSS-Bienestar, mientras que el PAN defenderá el modelo estatal de MediChihuahua. Pero la discusión partidista no abastece una farmacia, no cubre una vacante ni le entrega material de curación a una enfermera.


Vaya episodio el que se está generando en el PAN con el señalamiento de dedazo a favor de Daniela Álvarez en Ciudad Juárez. Hay que recordar que la propia dirigente estatal se desmarcó durante varios meses de cualquier aspiración. Incluso declaró que su nombre no aparecía en las encuestas y, al parecer, ni siquiera se había registrado en la aplicación del partido. Ahora, mientras a otros aspirantes les piden juntar firmas y demostrar músculo partidista, la pregunta es si Daniela tendrá que realizar ese mismo trabajo o si su llegada seguirá una ruta distinta.

Nadie pone en duda su entereza ni su empeño, pero este es uno de los efectos de una designación directa. Mientras unos aspirantes recorren el proceso, cumplen con los trabajos que les encomienda el partido y buscan sumar apoyos, otros pueden llegar sin pasar por las mismas etapas. En el caso de Daniela, el peor escenario sería que, si no consigue la candidatura a la alcaldía de Juárez, termine como regidora por la vía directa, una posibilidad derivada de la reforma electoral que su propio partido impulsó y aprobó junto con sus aliados.

Pero mientras en Juárez el tema ya está sobre la mesa, en Chihuahua capital la situación también genera preguntas. Daniela dijo que dejaría definida la candidatura a la alcaldía, pero ahora no está claro si el proceso seguirá el mismo camino. ¿Su permanencia al frente del PAN estatal busca evitar que se haga tan evidente una posible designación de Santiago de la Peña desde Palacio de Gobierno?