Parral tiene 2 presidentes
En Parral, el regreso del PAN a la presidencia municipal con Salvador “Chava” Calderón ha estado lejos de ser terso. A tan solo unos meses de haber asumido el cargo, las críticas y las sospechas sobre la forma en que se ejerce el poder han cobrado fuerza. Y es que, en los corredores políticos y en el sentir ciudadano, la pregunta que más suena no es sobre la gestión del alcalde, sino: ¿quién realmente está gobernando?
Según se comenta entre los paisanos y en los propios pasillos de la política local, nada se mueve si no lo autoriza Nora. La figura de la esposa del alcalde, Nora Carrillo, ha tomado un protagonismo inusual y notorio. Tan es así que, para muchos, Salvador Calderón parece estar relegado a un segundo plano mientras su esposa toma el control de las decisiones clave del municipio.
Nora no es solo la primera dama; se ha vuelto más activa que el propio alcalde. Ha creado sus propias cuentas de redes sociales, aparece en prácticamente todos los eventos públicos, en todas las fotos oficiales, y ha sido vista como la principal promotora —y a veces obstaculizadora— de accione dentro del ayuntamiento.
Incluso, aseguran fuentes locales, ella aprueba y desaprueba decisiones clave, desde nombramientos hasta eventos oficiales, lo que ha generado un fuerte ruido en la opinión pública.
Para muchos ciudadanos, la falta de autoridad de “Chava” es evidente, y eso ha sembrado dudas sobre la legitimidad de su liderazgo.
Esta dinámica ha causado incomodidad entre los actores políticos, tanto dentro como fuera del PAN, especialmente en una administración que ya carga con acusaciones por el uso discrecional de recursos públicos y el incumplimiento de acuerdos políticos con los partidos aliados.
El caso de Parral no es nuevo en la política mexicana: figuras cercanas al poder formal asumiendo roles informales que terminan influyendo en la toma de decisiones. Pero lo que distingue a este caso es el nivel de exposición de Nora Carrillo, su abierta participación y, sobre todo, la percepción de que la investidura del alcalde ha sido desplazada por una figura no electa.
La administración Calderón-Carrillo se encuentra, así, en una encrucijada: o logra corregir el rumbo y redefinir los límites del poder institucional, o Parral continuará siendo gobernado —de facto— por alguien que no apareció en las boletas, pero que hoy parece tener la última palabra.
