PRI podría poner sobre la mesa un gobierno de coalición con el PAN
El PAN quiere convención interna
Avanza Fiscalía Autónoma sin parlamento abierto
Dos eventos que medirán la relación Estado Federación
Si las conversaciones entre el PAN y el PRI avanzan hacia una eventual alianza electoral, el tricolor podría buscar que el acuerdo no se limite únicamente a compartir candidaturas, sino que también contemple la posibilidad de construir un gobierno de coalición en caso de ganar la elección.
Bajo este supuesto, el PRI estaría buscando venderse caro en la negociación. No solamente aportar estructura, votos y presencia territorial, sino obtener compromisos concretos sobre la integración y conducción de un eventual gobierno.
La propuesta podría convertirse en una de las cartas del PRI para sentarse a negociar con el PAN, particularmente en temas como la participación en el gabinete, responsabilidades de gobierno y una agenda común que dé forma al proyecto que ambos partidos presentarían a los electores.
Así, la discusión dejaría de centrarse exclusivamente en quién encabezaría la candidatura a la gubernatura y pasaría a una pregunta más amplia. Qué recibiría cada partido y cómo se repartirían las responsabilidades en caso de obtener el triunfo.
Por ahora se trata de un escenario hipotético, pero un planteamiento de este tipo permitiría al PRI llegar a la negociación con una posición más fuerte. Si va a poner sus votos y estructura sobre la mesa, también buscaría tener un papel definido en el gobierno que eventualmente resulte de esa alianza.
Los números dibujan un escenario bastante claro dentro del panismo sobre la manera en que debería definirse la candidatura a la alcaldía de Chihuahua. El 72% se inclina por una convención interna, mientras que 12% apuesta por la designación, 2% por el sorteo y 14% no sabe.
La diferencia es amplia y marca una preferencia evidente por una elección interna entre la militancia.
Mientras una mayoría se inclina por la convención, el Consejo Nacional del PAN tomó el domingo otra ruta. No consultar directamente a la militancia, sino buscar acuerdos de unidad y el reconocimiento de un candidato.
Y ahí es donde el tema de la alcaldía se pone interesante. Una cosa es lo que está planteando la base panista y otra lo que pudiera terminar definiéndose desde la dirigencia. La dirigencia estatal que encabeza Daniela Álvarez se muestra tranquila, pero hacia el interior del panismo de cepa y de base el jaloneo parece mucho más fuerte, particularmente frente a la posibilidad de que la candidatura termine resolviéndose mediante un dedazo.
La pregunta entonces es inevitable. ¿No estarán dejando crecer un problema que después pudiera salírseles de control? Porque si la militancia está empujando una convención y la dirigencia termina apostando por un acuerdo de unidad que ya tenga nombre y apellido, la inconformidad podría dejar de ser un asunto interno para convertirse en un conflicto abierto dentro del PAN.
Avanzó el dictamen de la Fiscalía Autónoma, pero lo hizo sin parlamento abierto. La Comisión de Gobernación aprobó el sentido positivo del dictamen de la iniciativa, mientras quedó fuera la solicitud para realizar un parlamento abierto que había presentado una asociación de personas con discapacidad de Chihuahua.
Y ahí fue donde Cuauhtémoc Estrada terminó exhibiendo el jaloneo. El coordinador de Morena insistió durante buena parte de la discusión en que la comisión simplemente atendiera la solicitud de la asociación y determinara si procedía o no. Su planteamiento era sencillo. Si consideraban que la petición no era correcta, que lo votaran y se lo dijeran a los solicitantes, pero que no buscaran mecanismos para darle la vuelta al asunto.
La discusión se fue alargando entre cuestionamientos sobre el momento legislativo oportuno, el procedimiento y la necesidad de tener primero el dictamen. Incluso Jorge Soto, quien fungía como secretario de la comisión, terminó involucrado en la discusión sobre cómo debía plantearse la solicitud para someterla a votación, algo que llamó la atención porque en otras reuniones suele llevar con mayor control la conducción de los trabajos.
Finalmente, cuando se puso a consideración la moción para atender la solicitud de la asociación, dos diputados votaron a favor y cinco en contra. Es decir, no se votó directamente la realización del parlamento abierto, sino si la comisión atendía en ese momento la solicitud presentada por la organización.
Así, mientras el dictamen de la Fiscalía Autónoma avanzó en sentido positivo, el parlamento abierto quedó fuera. Un escenario que además resulta políticamente relevante porque la apertura de este ejercicio también había sido planteada por Cruz Pérez Cuéllar.
Al final, Estrada puso sobre la mesa una discusión que PRI, PAN y MC parecían no saber muy bien cómo resolver sin seguirle dando largas. Cómo avanzar con el dictamen mientras una petición formal para abrir la discusión seguía esperando respuesta.
La salida fue avanzar con la iniciativa y dejar para después a quienes estaban pidiendo ser escuchados.
Se vienen dos eventos que, más allá de los actos protocolarios, pueden convertirse en un termómetro de cómo anda la relación entre el Gobierno de Chihuahua y la Federación. El primero será la inauguración formal de la Torre Centinela en Ciudad Juárez y, posteriormente, la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Chihuahua.
En el caso de la Torre Centinela, llamó la atención que hasta el lunes Gilberto Loya, secretario de Seguridad Pública Estatal, señalara que todavía no había confirmación de qué autoridades federales acudirían al corte de listón. Esto no significa que no vayan a asistir, sino que hasta ese momento no existía una confirmación.
Porque si finalmente no acudiera un personaje de peso como Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, o la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, el mensaje político sería difícil de ignorar. No solamente porque se trata de una obra de seguridad emblemática para el Gobierno de Chihuahua, sino porque Morena ha mantenido una postura crítica alrededor de la Torre Centinela, llevando la discusión al terreno político y cuestionando distintos aspectos de la obra.
Además, no sería la primera señal de una relación que ha tenido momentos de tensión. Hace algunas semanas, Zoé Robledo estuvo en Chihuahua en una gira relacionada con el IMSS y no fueron convocadas autoridades estatales. Ese episodio fue leído por empresarios como una señal de que el Gobierno estatal debería bajar la confrontación política y buscar una relación menos ríspida con la Federación.
Por eso, la inauguración de la Torre Centinela puede ser más que un simple corte de listón. Si llegan funcionarios federales de primer nivel, habrá una señal de acompañamiento institucional. Si no llegan, también habrá una lectura política.
Aunque hasta ahora hay quienes aseguran que Omar García Harfuch sí estaría presente el miércoles, por lo que tampoco se trata de construir desde ahora un escenario catastrófico.
Y después viene el segundo momento, la visita de Claudia Sheinbaum a Chihuahua. Ahí la incógnita estará del otro lado. ¿Acudirá Maru Campos al evento presidencial? La gobernadora no ha estado presente en otros encuentros con la presidenta y, si nuevamente se ausenta, inevitablemente habrá quienes lean esa ausencia como otro mensaje sobre la relación entre ambos gobiernos.
Son dos eventos prácticamente seguidos y dos señales que habrá que observar con atención. No se trata de especular de más ni de convertir cada ausencia en una crisis política, pero sí de reconocer que, cuando falta aproximadamente un año para que termine el gobierno de Maru Campos, tampoco parece conveniente que la cuerda con la Federación siga tensándose.
Porque al final, más allá de las diferencias políticas, Chihuahua necesita una relación institucional que funcione. Y si la Torre Centinela y la visita de Sheinbaum terminan sirviendo para medir esa relación, habrá que poner atención no solamente a quién llega, sino también a quién no llega.
