¿Quién va a ponerle fecha a la boda PAN PRI MC?
En Morena ya huele a definición pero todavía quieren estirar la liga
Citlalli le pone candado a las encuestas de Morena
Se quejan de los recortes pero regresan dinero
“La candidatura de De la Peña no ha prendido”
Ni siquiera habían pasado unas horas de que el dirigente nacional del PAN, Jorge Romero, dejara claro que serán los estados, particularmente los comités directivos estatales, los que tendrán que definir si habrá o no alianzas electorales, cuando desde Chihuahua ya apareció Marco Bonilla a poner el tema sobre la mesa.
El alcalde capitalino, en su calidad de coordinador del PAN en Chihuahua, un puesto que a estas alturas no parece ser otra cosa que la antesala de una aspiración que terminará convertida en candidatura, se declaró abiertamente proaliancista y adelantó que buscará sentarse con los dirigentes de otros partidos para explorar una alianza.
De entrada, puso sobre la mesa dos nombres. Movimiento Ciudadano y el PRI.
Y aquí es donde empieza lo interesante.
Porque Bonilla explicó que esa tarea no se la sacó de la manga. Dijo que fue una instrucción que le dejó Santiago Taboada cuando vino a presentarlo como coordinador del PAN en Chihuahua.
El mensaje desde el panismo nacional parece ser que hay que hablar con los partidos.
Pero cuando se pregunta quién va a decidir finalmente, nuevamente aparece el famoso juego de la pelota.
Por un lado, Jorge Romero dice que la decisión corresponde a los estados. Por otro, Marco Bonilla habla de construir acuerdos con las dirigencias partidistas, aunque también señala que será el Comité Ejecutivo Nacional el que tendrá que intervenir.
Y así, entre el CEN y el comité estatal, la decisión va de un lado para otro.
Lo cierto es que Marco Bonilla sí parece tener clara su posición. Quiere alianza.
Y tampoco es precisamente un secreto que el PRI está esperando que esa puerta se abra. Para los tricolores, una coalición significaría la posibilidad de conservar y ampliar espacios, además de incrementar su porcentaje de votación en una elección donde competir solos representa un escenario mucho más complicado.
Movimiento Ciudadano, en cambio, parece estar jugando otra partida. Si hay alianza, adelante, y si no la hay, tampoco parece que vayan a tirarse al piso a llorar.
El PRI es quien más necesita que la puerta se abra. Bonilla, quien más abiertamente parece querer abrirla. Y el PAN, mientras tanto, sigue definiendo quién tiene la llave.
Todo esto ocurre mientras Daniela Álvarez se encontraba en la Comisión Permanente del PAN y, por esa razón, no pudo atender las llamadas de los reporteros que intentaron buscar su postura sobre el tema este jueves.
Así están hoy las cosas. Bonilla ya dijo que es proalianza, el PRI espera que la alianza se concrete, MC no parece tenerle miedo ni al sí ni al no y, entre el comité estatal y el nacional, siguen pasándose la bolita.
A ver quién termina agarrándola.
En Morena comienzan a aparecer señales cada vez más claras sobre cuándo podría llegar la definición de la candidatura en Chihuahua. Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez, los dos punteros que han venido marcando la disputa interna, ya han señalado que la encuesta se realizaría en septiembre.
Y si la encuesta es el mecanismo para elegir al candidato, entonces septiembre es, en los hechos, el mes en el que podría comenzar a conocerse quién se queda con la candidatura de Morena en Chihuahua.
El asunto no es menor, porque el movimiento que se está dando a nivel nacional coincide con algo que Chihuahua en Directo había advertido desde antes. La definición no se daría de inmediato y tendría que esperar a que pasara el informe de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Ahora, con cinco entidades donde Morena ya ha avanzado en sus definiciones, el escenario comienza a tomar forma. Lo que falta en otros estados parece estar relacionado con acuerdos que todavía no terminan de cerrarse y Chihuahua no sería la excepción.
De ahí que alrededor del proceso siga existiendo un verdadero mar de especulaciones. Hay nombres, versiones, mediciones y lecturas de todo tipo, pero mientras no se concreten los acuerdos, todo seguirá siendo parte del ruido previo a la definición.
Lo más concreto, sin embargo, es que el calendario comienza a acotarse. Morena oficialmente ha manejado incluso la posibilidad de que las definiciones se prolonguen hasta diciembre, aunque mantener la incertidumbre durante tanto tiempo podría terminar siendo más perjudicial que útil.
Porque una cosa es cuidar los tiempos políticos y otra muy distinta es tensar la cuerda hasta que termine por romperse.
A estas alturas ya debería haber condiciones para comenzar a cerrar los acuerdos necesarios, particularmente si lo que se pretende es evitar que la disputa interna siga escalando.
Y ahí entra otro asunto que no puede dejarse de lado. Si hay guerra sucia, tendría que frenarse de tajo.
Lo que empieza a faltar es precisamente eso: tiempo para seguir jugando a que todavía no se sabe lo que todos quieren saber.
Las declaraciones de Citlalli Hernández, presidenta de la Comisión de Elecciones de Morena a nivel nacional, volvieron a meterle ruido al proceso interno del partido. Y no precisamente porque haya revelado quién va adelante, sino porque dejó claro que los resultados de las encuestas no serán publicados.
De acuerdo con lo señalado por la dirigente morenista, los resultados serán entregados a cada uno de los aspirantes, pero no se harán públicos. Y ahí es donde comenzó el reclamo de varios de los propios participantes, quienes están pidiendo conocer las cifras completas.
La molestia tiene además un antecedente bastante cercano. En 2024, durante los procesos para definir candidaturas a las gubernaturas, Morena sí dio a conocer los resultados de las encuestas. Por eso ahora resulta inevitable la comparación y la pregunta sobre por qué en esta ocasión se pretende mantener bajo reserva esa información.
Porque si los aspirantes van a recibir sus resultados, pero la ciudadanía y la propia militancia no podrán conocerlos, el terreno queda nuevamente abierto para todo tipo de especulaciones.
Y en Morena, cuando se habla de encuestas que no se publican, los sospechosismos aparecen solos.
Citlalli Hernández, mientras tanto, ha tomado un papel central en la conducción de estos procesos internos. Para algunos morenistas, incluso ha adquirido un peso político que ha terminado por opacar a otras figuras que también tienen una participación relevante en la operación del partido.
La dirigente es identificada además con el obradorismo y su llegada a la conducción del proceso interno ha sido interpretada por distintos sectores como una apuesta para entregar buenos resultados en las definiciones que vienen.
A partir de ahí también aparece otra lectura política. Hay quienes sostienen que detrás de estas decisiones existe una línea directa con la presidenta Claudia Sheinbaum. Esa interpretación forma parte del ambiente que rodea al proceso y, por ahora, se mantiene en el terreno de las lecturas y las especulaciones políticas.
A todo esto se suma otra versión que circula en medios nacionales. Se habla de que las candidaturas podrían terminar distribuyéndose bajo un criterio de paridad de género con diez mujeres y siete hombres.
Todavía falta que Morena termine de cerrar las reglas y los acuerdos, pero entre encuestas que no se publicarán, aspirantes que quieren ver los números y una posible distribución de candidaturas por género, el proceso interno empieza a parecerse cada vez más a una caja negra.
Y ya se sabe lo que pasa cuando los números se guardan bajo llave. Afuera, las versiones comienzan a multiplicarse.
Hay algo que resulta, cuando menos, políticamente incómodo en medio de los constantes reclamos por la falta de recursos federales.
El secretario de Hacienda, José de Jesús Granillo Vázquez, confirmó que durante el año pasado se reintegraron a la Federación alrededor de 30 millones de pesos en recursos federales. Aclaró que no necesariamente se trata de subejercicios, pues pueden ser remanentes, economías o recursos que no fueron comprometidos o ejercidos dentro de los plazos establecidos.
La explicación administrativa está dada, pero el dato deja una pregunta política sobre la mesa.
Porque mientras Chihuahua reclama que la Federación no manda suficiente dinero para salud, educación y seguridad, resulta que durante 2025 hubo recursos federales destinados a esas áreas que no fueron comprometidos o ejercidos en los tiempos establecidos y terminaron regresándose.
Y ahí es donde cualquiera podría preguntarse qué pensará la Federación.
Si hace falta dinero para salud, ¿por qué se regresa dinero destinado a ese rubro? Si hacen falta recursos para seguridad, ¿por qué también se devuelve lo que no se alcanzó a comprometer?
Granillo dejó claro que reintegrar recursos no significa automáticamente que haya existido un subejercicio. Correcto. Pero políticamente el contraste resulta inevitable.
Porque pedir más recursos mientras se devuelve parte de los que ya llegaron tampoco ayuda demasiado al argumento.
Roberto Lara Rocha decidió responder públicamente a Santiago de la Peña luego de que el secretario general de Gobierno señalara que en las últimas semanas había arreciado una guerra sucia en su contra y se refiriera a un exfuncionario cesado por presuntos problemas de corrupción.
Lara asumió que los señalamientos eran hacia él y, mediante una carta abierta, le pidió a De la Peña que no le mandara recados a través de columnas periodísticas y que, cuando tuviera algo que decirle, se lo dijera de frente.
El militante panista también acusó al funcionario estatal de utilizar el poder y los recursos a su alcance para presionar dentro de Acción Nacional, además de cuestionar que continúe al frente de la Secretaría General de Gobierno mientras se desarrolla la disputa interna por la candidatura a la Presidencia Municipal de Chihuahua.
Pero el mensaje político de Lara fue todavía más directo al dirigirse a sus compañeros panistas. Aseguró que “la candidatura de De la Peña no ha prendido”, que no genera simpatía ni cercanía con la gente y llamó a los militantes a defender su libertad para elegir.
Además, retó públicamente a De la Peña a sostener un debate para hablar sobre sus respectivas trayectorias políticas.
Así que Lara no está buscando una candidatura en esta pelea. Está haciendo algo más sencillo y, quizá por eso, más incómodo para De la Peña. Le está respondiendo públicamente a los señalamientos que el propio secretario de Gobierno hizo en su contra.
