Reelección en la ASE se empantana: denuncian encubrimiento y Morena carga el peso del voto
La discusión sobre la reelección de Héctor Acosta Félix al frente de la Auditoría Superior del Estado (ASE) llegó a un punto crítico en el Congreso.
Y la realidad es contundente: Morena tiene en sus manos el voto que define todo.Las críticas internas y externas apuntan en una misma dirección: el auditor habría operado selectivamente, acomodando expedientes y dejando sin observaciones a personajes con historial político más que cuestionable.
Uno de los puntos que más ruido hace es el contraste entre lo que afirma la dirigente nacional de Morena, María Luisa Alcalde, quien ha reiterado que en Chihuahua existen indicios de corrupción en el gobierno de Maru Campos— y lo que ha dictaminado Acosta Félix.
Porque, según las auditorías, no existe el más mínimo acto de corrupción en la administración estatal.
Tan es así que todas las fuerzas políticas en el Congreso ratificaron esos dictámenes, incluidos los diputados que responden a la propia Segob.
La contradicción deja en entredicho la credibilidad técnica del auditor y abre sospechas sobre su verdadera línea de operación.Se recuerda también que Acosta Félix exoneró a Javier Corral, pese a los señalamientos por el manejo irregular de su administración.
En contraste, intentó dañar políticamente a Maru Campos cuando era alcaldesa, maniobra que terminó exhibida públicamente.
Ese tipo de virajes —de la dureza selectiva a la suavidad estratégica— alimentan la percepción de que el auditor eligió a quién revisar, a quién proteger y a quién golpear.
La lista crece. Incluso personajes como Cruz Pérez Cuéllar salieron bien librados: la diputada Leticia Ortega nunca empujó una revisión profunda, pese a que había elementos para hacerlo.Para legisladores de Morena, esto confirma lo que ya se sabía en pasillos: el auditor opera bajo lógicas políticas, no técnicas.
A esto se suma el ruido sobre su experiencia. Presume trayectoria en Pemex, Energía y la CRE, instituciones que la 4T ha señalado como focos históricos de corrupción.
Aun así, sus resultados fueron mínimos: procesos menores contra mandos menores, nada que realmente moviera la aguja.Dentro de Morena, la presión es doble.
Por un lado, quienes buscan cumplir acuerdos previos para no reelegir al auditor.
Por el otro, la dirigencia nacional, que ya fijó postura: no avalar perfiles cuya actuación contradiga la narrativa anticorrupción del movimiento.
Y hay otro factor: en medio del conflicto por la Ley del Agua, mantener a Acosta Félix en la ASE sería un golpe innecesario para la ofensiva política de Morena contra el gobierno estatal.
¿Cómo cuestionar corrupción si el auditor —según dictámenes firmados por todos— dice que no la hay?
La conclusión es simple, pero explosiva:La reelección del auditor depende exclusivamente de Morena.Y el costo político de esa decisión será inevitable, gane quien gane.
