Rosana Díaz, con la firme convicción de tumbar a Estrada como coordinador de Morena

Rosana Díaz, con la firme convicción de tumbar a Estrada como coordinador de Morena

Lo que Cuauhtémoc Estrada le dijo a Ada Miriam Aguilera tras su toma de protesta en la CEDH

El inevitable recuerdo de la reelección de la CNDH en 2024

En Chihuahua, el escenario fue completamente distinto


Lo de Rosana Díaz no solo quedó en discurso ante medios, también lo llevó a los hechos. Votó en contra de la postura de su propia bancada y, aun así, se sigue asumiendo como parte de Morena. Para muchos, eso ya se traduce en una implosión dentro de la coordinación.

No es menor lo que ella misma ha adelantado. Va a emprender acciones, incluso buscar medidas cautelares contra el coordinador Cuauhtémoc Estrada, todo esto con el firme propósito de que ya no sea coordinador de la bancada.

Rosana también exhibió lo que calificó como un discurso frágil dentro de Morena. El lunes señaló como “simulación” la defensa que hizo Brenda Ríos sobre la libertad de expresión, en medio de los cuestionamientos de medios al alcalde Marco Bonilla, quien a su vez los calificó como “medios morenistas”.

Su argumento es simple. No se puede hablar de defensa a periodistas cuando la ley de protección sigue atorada en la Comisión de Derechos Humanos del Congreso, presidida por una morenista.

El choque no se quedó ahí. Mientras Cuauhtémoc Estrada y el resto de la bancada, con excepción de Rosana, respaldaban su postura con un comunicado de una asociación feminista en contra del nombramiento de Ada Miriam Aguilera, Rosana respondió con otro documento. Se trata de un oficio fechado el 30 de marzo, firmado por otra asociación feminista que pedía a legisladores de Morena y del PT votar en sentido contrario.

Dos versiones conviviendo al mismo tiempo. Dos respaldos completamente opuestos. Ahí es donde el conflicto deja de ser interno y empieza a evidenciar una ruptura.

Lo que sí queda claro es que Rosana Díaz está tensando la coordinación al interior de Morena. En ese movimiento también surgen dudas sobre quién está detrás de esta operación y quién apoya políticamente a Rosana.

Por ahora, Estrada ha optado por la cautela, sobre todo ante los señalamientos que ella misma ha anticipado en materia de violencia política de género. Sin una dirigencia estatal que ponga orden, el conflicto no solo crece, empieza a generar desgaste real dentro de la bancada.


Cuauhtémoc Estrada le dijo a Ada Miriam Aguilera que ve complicado su papel como presidenta de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos. Se lo dijo después de felicitarla y reconociendo su trayectoria, su nivel académico y su profesionalismo.

Aun así, dejó claro que no comparte la postura que permitió su nombramiento. El problema, desde su visión, está en el antecedente que se exhibió durante el proceso.

Considera que lo más sano habría sido que ese punto quedara completamente aclarado desde el inicio o incluso que se valorara como un elemento de inelegibilidad. La razón tiene que ver con la naturaleza del cargo. Quien encabece la Comisión deberá emitir recomendaciones cuando se vulneren derechos fundamentales y, en ese contexto, cualquier antecedente pesa.

También hizo énfasis en otro aspecto. Ada confirmó que dejó de ser representante del PAN en 2019, lo que supera el plazo de cinco años. Sin embargo, para Estrada ese no es el punto central.

El tema es que esa información no se transparentó en su momento. La ley no habla de afiliaciones, habla de representaciones partidistas, y la convocatoria obligaba a declarar esos antecedentes.

Desde su perspectiva, ahí está el problema de fondo. No en lo que fue, sino en lo que no se informó cuando debía hacerse.

Incluso planteó que, de haber tenido ese dato desde la Junta de Coordinación Política, la decisión pudo haber sido distinta. Reconoció que hubo 22 votos que hicieron válido el nombramiento, pero insistió en que se deja un antecedente no deseable.

El tema no está cerrado. Adelantó que analizarán qué sigue, considerando también la estabilidad de la Comisión.


Lo ocurrido ahora inevitablemente remite a lo que pasó con la reelección de María del Rosario Piedra Ibarra al frente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en 2024.

Desde su llegada en 2019, su gestión ha estado marcada por cuestionamientos sobre su autonomía y su cercanía con el poder. La oposición ha sostenido que tanto su nombramiento como su reelección respondieron a la mayoría de Morena, lo que pone en duda la independencia del organismo.

Las críticas no se quedaron en lo político. También se le ha señalado por omisiones en temas sensibles, como la militarización de la seguridad o el desabasto de medicamentos.

El proceso de reelección terminó por agravar la percepción. Fue la peor evaluada dentro de la terna, presentó una carta de apoyo que resultó ser apócrifa y la sesión en el Senado se extendió por más de 13 horas en medio de acusaciones de línea política.

A esto se suman confrontaciones con organismos y periodistas, así como posicionamientos en temas electorales que fueron señalados como una extralimitación de sus funciones.

Pese a todo, ha defendido su gestión bajo el argumento de que la Comisión ahora sirve al pueblo. Esa narrativa, sin embargo, sigue siendo cuestionada por distintos sectores.

Y mientras eso ocurría a nivel nacional, en lo local el contraste es evidente. En Chihuahua, 10 u 11 diputados de Morena se tiraron al piso por criterios de idoneidad que ya habían expirado. Aun así, buscaron que el asunto no llegara al pleno y que se regresara a la Junta de Coordinación Política. En términos más claros, intentaron reventar la sesión bajo sus propios argumentos.

El contraste no pasa desapercibido. A nivel nacional se sostuvo una mayoría para imponer un perfil polémico. A nivel local, esa misma lógica se quiso frenar con criterios que ya no estaban vigentes.


En Chihuahua el proceso se movió bajo una lógica distinta.

Ada Miriam Aguilera llegó como la mejor calificada de la terna y con respaldo incluso desde Morena. Una muestra clara es el voto de Rosana Díaz, quien justificó su decisión en apoyar al perfil mejor evaluado.

Se trata de una mayoría calificada construida con votos que cruzaron líneas partidistas. Eso marca una diferencia frente a otros escenarios.

La propia Ada reconoció su afiliación al PAN y sostuvo que eso no interferirá en su desempeño. Su planteamiento es que actuará con autonomía al frente de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos.

En lo político, el resultado también fortalece a Alfredo Chávez Madrid, quien logró articular los votos necesarios, incluso sumando uno desde Morena.

Sin embargo, el cuestionamiento de Cuauhtémoc Estrada se mantiene firme. Para él y otros diez diputados de su bancada, el problema no está en el tiempo transcurrido, sino en el hecho mismo de haber sido representante de un partido.

Bajo esa interpretación, ese antecedente debió ser suficiente para impedir su participación desde el inicio del proceso.

Ahí está el punto de quiebre. Por un lado, una mayoría que respalda al perfil mejor evaluado. Por el otro, una postura que sostiene que ese perfil nunca debió llegar a la terna.

La discusión no se cierra. Se traslada al terreno de fondo, donde la autonomía de los organismos de derechos humanos vuelve a ponerse en duda.