Sergio Nevárez, director de la JMAS Juárez, pierde 672 mdp por “incapacidad administrativa”
En plena coyuntura de discursos triunfalistas, donde el director de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento de Ciudad Juárez, Sergio Nevárez, proclama que “llevan dignidad a través del agua”, surge una acusación grave: la JMAS habría dejado escapar 672 millones de pesos en recursos excedentes federales por una administración torpe e ineficiente.
Esto no es un simple descuido técnico: es una falla política que compromete la credibilidad de quienes gestionan el servicio básico más elemental.
Y es también una contradicción directa con los discursos oficiales que celebran las “obras millonarias” ejecutadas en cuatro años.
En su cuarto informe, Nevárez presentó una serie de logros que deberían traducirse en beneficios tangibles para la ciudadanía: reposición de colectores, agua potable para El Sauzal, trabajos de desazolve y apoyos con pipas en colonias marginadas.
Aseguró inversiones por más de 4,500 millones de pesos “en la calle” como expresión de una gestión moderna y comprometida.
No obstante, esa narrativa se tambalea ante la revelación de que parte de esos supuestos montos no pudieron recibirse por fallas administrativas.
Porque anunciar grandes cifras no es lo mismo que cumplir con la tramitología necesaria para disponer de ellas.La denuncia apunta a que la JMAS no cumplió los requisitos exigidos por el gobierno federal para liberar los recursos excedentes.
Y eso equivale a que, en lugar de recibir el apoyo, fueron destinados a otros municipios o regresaron a arcas federales.
Estos 672 millones perdidos tenían destino: agua, drenaje, mantenimiento, ampliación de redes.
En una ciudad con problemas históricos de suministro, fugas, presión desigual y abandono sistemático de zonas periféricas, cada peso cuenta.
La pérdida de esos fondos significa menos pipas para zonas sin conexión, menor capacidad de rehabilitación de tuberías, drenajes sin atender en colonias vulnerables, y una excusa más para reclamar que Juárez siga atrapado en ciclos de promesas incumplidas.
Ese daño no se mide sólo en millones, sino en días sin agua, calles inundadas, agravamiento de salubridad y empeño popular.
El hecho no puede reducirse al ámbito técnico: refleja una cadena de responsabilidades.
¿Quién en la JMAS no verificó requisitos? ¿Por qué no existió supervisión estatal o municipal que alertara del riesgo? ¿Dónde estaba la gobernadora para exigir resultados?
Cuando se presumen inversiones de 4,500 millones —como lo hizo Nevárez—, no puede haber margen para los errores básicos que cuestan cientos de millones. Y más aún cuando esos errores se anuncian públicamente como un logro.
Por paradójico que resulte, el título del informe —«Llevamos dignidad a través del agua»— choca con la realidad: dignidad no puede construirse con discursos, ni cuando se desperdician recursos públicos que podrían aliviar el sufrimiento cotidiano de miles de familias.
Sergio Nevárez no es sólo el rostro de la JMAS Juárez; es el responsable de que este organismo pierda oportunidades millonarias en plena emergencia hídrica.
No bastan discursos ni informes retóricos si la gestión falla.
En Juárez no se necesita más dignidad simulada: se requiere agua real, atención concreta y resultados tangibles.
Y para eso, la gestión debe dejar de ser incapaz.
