Sheinbaum alista reacomodo mayor: Harfuch entra a la baraja para Segob, pero EU presiona para retenerlo en Seguridad
En el círculo más cercano a la presidenta Claudia Sheinbaum crecen las versiones sobre un ajuste profundo en el gabinete federal antes de que termine el año.
El impacto político por el asesinato de Carlos Manzo en Michoacán aceleró la discusión interna: la gobernabilidad y la seguridad volverán a reorganizarse.
De acuerdo con fuentes políticas federales, la salida de Rosa Icela Rodríguez de la Secretaría de Gobernación es prácticamente un hecho.
Su destino sería el IMSS, cargo que buscó desde la transición de 2024.
Con su eventual movimiento inicia la disputa por una de las posiciones clave del gabinete.
Hasta hace unas semanas, el nombre con más fuerza para sustituirla era el del gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, quien ha ido fortaleciendo su interlocución directa con Sheinbaum.
Su presencia, señalan en Morena, podría ordenar a los distintos grupos internos de cara al proceso de 2027.
Sin embargo, en los últimos días cobró fuerza un giro inesperado: Omar García Harfuch, actual responsable de la estrategia de seguridad y considerado el funcionario más influyente del gabinete, empezó a ser mencionado como opción para la Secretaría de Gobernación.
El cálculo político es evidente: desde Segob sería más sencillo operar alianzas, construir acuerdos con gobernadores y colocar al funcionario en una ruta con proyección hacia 2030.
Pero existe un obstáculo de peso. Fuentes diplomáticas revelan que las agencias de seguridad de Estados Unidos han expresado su interés en que García Harfuch permanezca en su cargo al menos hasta finales de 2027.
Consideran que cambiar la estructura de seguridad mexicana frenaría los resultados esperados de la estrategia bilateral contra el crimen organizado.
Incluso se han discutido posibles relevos—Israel Benítez, Héctor Elizalde u Omar Reyes Colmenares—pero ninguno ha sido bien visto por Washington, que apuesta por mantener sin modificaciones la arquitectura actual en materia de seguridad.
Para Estados Unidos, los indicadores de percepción de inseguridad o el crecimiento en desapariciones son factores secundarios frente a lo que consideran esencial: mantener una ofensiva constante contra los cárteles y garantizar continuidad en la cooperación operativa.
En Palacio Nacional saben que cualquier decisión tendrá repercusiones políticas y diplomáticas.
Por ahora, el reacomodo está en marcha.
Falta ver si Sheinbaum elige apuntalar la operación política desde Segob o sostener la apuesta de seguridad respaldada por Washington.
